¿Cambios en la piel después del cáncer, hay que tomar precauciones especiales?

La piel puede cambiar de aspecto por varias razones. A veces, esto sucede debido a factores externos que impactan sobre la piel misma, tales como la exposición solar prolongada. Otras veces, la piel actúa como una ventana que muestra los cambios en el organismo debido a, por ejemplo, la aparición de un tumor o como efecto secundario del tratamiento.

 

La piel es de hecho una de las zonas del cuerpo más comúnmente afectadas por la terapia contra el cáncer. Afortunadamente, las reacciones cutáneas son a menudo temporales y existen multitud de medidas paliativas para hacerles frente.

 

En este artículo, hacemos una recopilación de cambios a nivel cutáneo y cuidados de la piel habituales después de un cáncer, ya sea de piel o de cualquier otro tipo. Estas alteraciones pueden ser un efecto secundario de la quimioterapia, la radioterapia o asociados a una intervención quirúrgica.

 

Estructura de la piel y tipo de células que encontramos

 

La piel es el órgano más grande del cuerpo, ya que ocupa 2m2 y pesa 5kg, aproximadamente. Su principal función es la de barrera protectora del organismo frente a agentes externos (frío, calor, patógenos, etc.), a la vez que permite la comunicación de éste con el medio que le rodea. Está dividida en 3 capas, con componentes y funciones diferentes pero interrelacionadas:

 

  • La epidermis contiene varias capas de células yuxtapuestas más bien planas. La más externa está formada por células muertas que son eliminadas de forma constante de la superficie de la piel y son sustituidas por otras células nuevas formadas en las capas más profundas. Diariamente, renovamos unas 30.000-40.000 células epidemiales. En la epidermis también se encuentran las células que producen y acumulan melanina y que dan coloración a la piel, dependiendo de la raza y exposición al sol. La acumulación de melanina también es responsable de la aparición de manchas y pecas.

 

  • El espesor de la dermis depende mucho de la zona del cuerpo, siendo especialmente gruesa en las palmas de las manos y en las plantas de los pies. Contiene elementos muy diversos tales como:
    • el colágeno y las fibras elásticas, que mantienen las propiedades estructurales y elásticas de la piel
    • los capilares sanguíneos
    • los nervios
    • las glándulas sudoríparas, que producen el sudor
    • las glándulas sebáceas, que producen la grasa que contribuye a mantener la humedad de la piel
    • los folículos pilosos, desde donde crece cada pelo de nuestro cuerpo

 

  • La hipodermis está formada por células que almacenan la grasa que sirve de reserva energética. En las mujeres, estas células se acumulan en el glúteo y en los muslos, mientras que en los hombres, estas predominan en la zona abdominal.

 

 

¿Qué tipos de cáncer se originan en la piel y qué secuelas nos pueden dejar?

 

El cáncer de piel es el cáncer más frecuente y se origina sobre todo en las partes expuestas al sol de la epidermis, pero no exclusivamente. Los subtipos más habituales son los carcinomas cutáneos (no melanoma) y los melanomas, surgidos de las células que contienen la melanina.

 

Los carcinomas suelen extirparse fácilmente con cirugía, y en el caso de necesitar tratamiento, suelen responder bien. Al contrario de lo que sucede en los melanomas, no suelen extenderse más abajo de la epidermis y en otras partes del cuerpo. El melanoma es menos frecuente, pero es más agresivo y suele requerir cirugía y quimio o radioterapia.

 

El cambio principal después de una cirugía para extirpar un tumor en la piel (o interno) es la aparición de cicatrices, de las que hablamos más abajo.

 

¿Qué alteraciones cutáneas pueden aparecer tras un cáncer?

 

A continuación, mencionamos las principales alteraciones y consejos para su cura:

  • Piel seca (xerosis): se debe a la alteración de la capa de grasa producida por las glándulas sebáceas, sobre todo como consecuencia de la quimioterapia. La desnutrición y deshidratación también aumentan el riesgo de su aparición. Se puede manifestar en alguna de estas formas: piel más áspera y con menos brillo, enrojecimiento e irritación con aparición de heridas, descamación y fisuras. Estas últimas implican más riesgo de infecciones. Consejos:

Hidratarse, principalmente con agua. Otras bebidas sanas son las infusiones o agua con limón.

– Para la higiene personal: evitar el agua muy caliente; utilizar jabones hidratantes y de pH neutro similar al de la piel; enjabonarse y secarse sin friccionar demasiado con la esponja y la toalla, respectivamente; utilizar lociones y cremas hidratantes para después de la ducha o más veces al día, sin aromas y sin alcohol. El médico puede recomendar la más idónea para cada caso.

– Vestirse preferiblemente con ropa de algodón (también las toallas) y zapatos de piel.

Ambiente: evitar el sol directo y ambientes muy secos, por ejemplo con calefacción por aire; protegerse con cremas con fotoprotección total; ventilar la habitación periódicamente.

– Sólo en casos extremos, el médico valorará la prescripción de antihistamínicos o corticoides para disminuir los síntomas.

  • Prurito (picor): debido, entre otros, a la xerosis, insuficiencia renal o hepática, alteración de la eliminación de la bilis (colestasis), uso de antidepresivos u opiáceos, etc. Consejos:

– Mantener la piel hidratada (ver apartado anterior)

Evitar rascarse en la medida de lo posible, ya que se pueden producir heridas en la piel; mantener las uñas cortas y utilizar guantes si es necesario

Minimizar los factores que aumentan el picor, como el alcohol, las especies y la comida picante, la ropa apretada y de lana o tejido sintético, el calor, la sudoración

– Si el picor está localizado y el médico lo indica, aplicar frío

– Sólo en casos de picor generalizado, el médico valorará la prescripción de antihistamínicos y, si persiste, de esteroides, antidepresivos y/o sedantes.

 

  • Úlceras en la piel: debidas a la rotura de la barrera cutánea por la invasión directa del tumor, sobre todo en el cáncer de piel, cabeza y cuello y mama. También se dan como consecuencia del tratamiento (sobre todo en las palmas de las manos y plantas de los pies) y debido a haber estado en la cama durante mucho tiempo sin variar la postura. Consejos:

Limpiar la úlcera con gasas impregnadas con agua oxigenada y posteriormente, con suero fisiológico. Se pueden usar desinfectantes comerciales como el Betadine®.

– Si se infectan, el médico nos hará los cuidados locales y recetará antibiótico.

– En caso de dolor, se pueden usar analgésicos.

– Si sangran, se debe consultar y acudir al médico presionándolas con una gasa estéril.

 

  • Edemas (retención de líquidos): son acumulaciones de líquido, sobre todo en las piernas y pies, que se sienten como hinchazón y pesadez y provocan también ganancia de peso. Consejos:

– Mantener una dieta equilibrada, rica en líquidos, alimentos diuréticos (espárragos, apio, col, coliflor, etc.) y pobre en grasas. Evitar los alimentos con muchas sales como las bebidas industriales, embutido, conservas, etc.

– Realizar deporte diariamente y mantener elevado el miembro con edema durante el descanso nocturno.

En esta misma sección de la web, se incluyen más consejos nutricionales y de actividad física ligera, moderada e intensa.

Evitar el calor (saunas, baños calientes, sol), ropa apretada y con tejido sintético,

– Valorar con el médico el uso de guantes, medias y vendas compresivas.

 

  • Cicatrices: es normal que aparezcan después de una cirugía. Un dermatólogo puede mejorar el aspecto de los queloides (crecimiento extra de tejido a la cicatriz) con láser u otros procedimientos. Se debería acudir al cirujano si las cicatrices se hacen más grandes, si no se acaban de cerrar, o si pican o tensan mucho.

 

Otros cambios muy habituales debidos sobre todo a la terapia son los cambios en las uñas y la aparición de acné. Una visita a un dermatólogo después de finalizar el tratamiento es altamente recomendable para un consejo más personalizado sobre productos cosméticos.

 


Referencias

 

  1. NIH (Instituto Nacional del Cáncer). Cáncer de piel.
  2. SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica). Alteraciones de la piel.

Compartir la experiencia después del cáncer

Después de pasar por un cáncer, la persona afectada no sólo se enfrenta a secuelas físicas y fisiológicas, sino que requerirá un periodo de tiempo más o menos variable para la aceptación de los cambios que ha sufrido su cuerpo y de la experiencia vivida.

 

Las secuelas de tipo psicológico o emocional son a menudo mucho más complejas de superar. La capacidad de afrontamiento y la adaptabilidad a un nuevo estilo de vida (en caso de haber sufrido un cambio físico severo) o simplemente el retorno al equilibrio puede ser más o menos rápido y dependerá de cada caso concreto. Algunos de los factores que pueden influir en la capacidad de afrontamiento son:

 

  • Las características del proceso oncológico por el que ha pasado la persona afectada.
  • Las variables sociodemográficas como el sexo, la edad, el nivel de estudios o la capacidad económica.
  • El apoyo social y la expresión del afecto por parte de la familia y amigos.
  • Los rasgos de personalidad como la disposición para compartir la experiencia o la apertura de sentimientos contribuyen a despertar emociones positivas en situaciones difíciles.

 

¿De qué maneras se puede compartir la experiencia?

 

El ejercicio de compartir la experiencia puede realizarse de muchas maneras, desde mantener conversaciones con nuestro círculo más cercano de amigos y familia hasta apuntarse a una psicoterapia individual o en grupo. La mayoría de hospitales tienen a disposición de las personas que padecen un cáncer o lo han superado, un servicio de atención psicológica individual, de grupo y para familias afectadas.

 

Existe un tipo de terapia para mejorar el estado de ánimo de manera contraria a los métodos tradicionales: la Psicología Positiva. Esta trata de focalizar la atención de la persona en lo que realmente le funciona y se le da mejor para fomentar el optimismo, el bienestar y la felicidad de la persona.

 

En un artículo publicado recientemente elaborado por el Instituto Catalán de Oncología (ICO), con el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), la Universidad de Barcelona (UB) y la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se ha demostrado que la psicología positiva dirigida a personas que han pasado por un cáncer reduce el malestar emocional y el estrés postraumático, siendo corroborado por las personas de su entorno más cercano.

 

En el artículo anterior “Mindfulness: conecta con el aquí y el ahora” presentamos esta técnica de psicología como una herramienta para hacer frente al estrés que pueden sufrir las personas a lo largo de su convivencia con la enfermedad. Se basa en el principio de atención plena en lo que nos sucede. De hecho, compartir la experiencia con personas de confianza o con gente que pasa por situaciones similares también es en realidad una manera de conseguir atención plena a los acontecimientos del presente y de reducir el estrés.

Tipos de grupos de apoyo

 

Los grupos de apoyo permiten a los participantes compartir sus experiencias vividas y expresar los sentimientos con otras personas que han pasado por lo mismo, pudiendo reducir así el estrés y al mismo tiempo sentirse más comprendido y acompañado. El intercambio de información y consejos puede proporcionar una sensación de control y así reducir los sentimientos de impotencia.

 

Hay grupos que se enfocan en un tipo de cáncer determinado y otros donde participan personas que han pasado por tipos de cáncer totalmente diferentes. Las entidades de Junts contra el càncer ofrecen servicios de orientación y apoyo psicológico a las personas que han superado el cáncer, así como desde el portal web de la Generalitat también se puede acceder a diferentes asociaciones de pacientes y enlaces de interés.

Estos grupos proporcionan apoyo de diversas maneras y cada persona puede encontrar el que mejor se adapte a sus necesidades. A grandes rasgos, los grupos de apoyo pueden ser:

 

–        De autoayuda, dirigidos por los integrantes del grupo.

–        Grupos dirigidos por profesionales: trabajador social, psicólogo, etc., moderan y conducen la conversación entre los integrantes.

–        Grupos de apoyo informativo, dirigidos por un coordinador profesional que proporciona información y educación relacionada con el cáncer. A menudo, estos grupos invitan oradores, como médicos, para que proporcionen asesoramiento experto.

 

 

También podemos encontrar grupos de apoyo por internet que permiten a las personas comunicarse de distintas maneras:

 

–        Grupos de interés y listas de correo electrónico que envían artículos o textos de interés a los integrantes del grupo.

–        Grupos de discusión, foros o paneles de anuncios electrónicos que permiten publicar un mensaje y las respectivas réplicas.

–        Chats y videoconferencias, que permiten a los integrantes comunicarse en tiempo real.

 

Además, las entidades de la FECEC, Junts contra el càncer, ofrecen diferentes recursos y servicios de apoyo para la etapa que comienza una vez finalizado el tratamiento para el cáncer.

 

 


Referencias

Ochoa C; Casellas-Grau A; Vives J; Font A; Borrs, JM. Positive psychotherapy for distressed cancer survivors: posttraumatic growth facilitation reduces posttraumatic stress. International Journal of Clinical and Health Psychology. 17, pp. 28-37. Elsevier España, 2017.
Instituto Nacional del Cáncer (NIH) (2014). Grupos de apoyo para el cáncer.
Cancer.Net. Grupos de apoyo.

Generalitat de Catalunya. Viure amb càncer.

García-Torres F; Alós Cívico FJ; Pérez-Dueñas C; Moriana Elvira JA. Guía de tratamientos psicológicos eficaces en psicooncología. Ediciones Pirámide; Febrero 2016.

El suelo pélvico: un aliado para combatir la incontinencia urinaria y la disfunción sexual

¿Qué es el suelo pélvico?

 

El suelo pélvico, o zona perineal, está formado por el conjunto de músculos, ligamentos, tejidos conjuntivos y nerviosos situados en la parte baja del abdomen, lo que se llama cavidad pélvica. Envuelve los órganos ubicados en el interior de la pelvis: la vejiga, el recto y el útero en el caso de las mujeres, desarrollando una función de sostén y antigravitatoria con el objetivo de mantener estos órganos en la posición correcta con el fin de asegurar su buen funcionamiento. El conjunto de músculos del suelo pélvico no trabaja de forma independiente, sino que está estrechamente relacionado con la musculatura abdominal y las cadenas musculares antigravitatorias.

 

Además de tener una función de sostén, el suelo pélvico interviene en otros procesos fisiológicos como:

 

  • Función de continencia: el suelo pélvico es necesario para el buen funcionamiento de los procesos de micción y defecación, ya que ejerce control sobre los esfínteres uretral y anal.
  • Función reproductiva: en las mujeres, el movimiento de los músculos del suelo pélvico es imprescindible para conducir el feto hacia el exterior.
  • Función sexual: una buena tonificación de la musculatura del suelo pélvico mejora la calidad de las relaciones sexuales. En mujeres es necesario para la sensibilidad vaginal, mientras que en los hombres contribuye en el proceso de la eyaculación.

 

 

Debilitamiento del suelo pélvico

 

La cirugía derivada de varios procesos oncológicos puede provocar una debilitación en la musculatura del suelo pélvico, pudiendo aparecer disfunciones fisiológicas, relacionadas con la incontinencia urinaria y fecal, o con la calidad de las relaciones sexuales. Puntualmente esta debilitación puede generar un prolapso (caída de los órganos sostenidos por el suelo pélvico).

 

Algunos ejemplos de cirugías que pueden inducir estos trastornos son las cirugías derivadas de los cánceres de recto y de vejiga. En mujeres, además, las cirugías de los cánceres de cuello uterino, endometrio, ovario, vulva y vagina pueden desencadenar un debilitamiento del suelo pélvico. En el caso de los hombres, la prostatectomía (extirpación de la glándula prostática) también puede generar disfunciones de este tipo.

 

Existen otras causas que también pueden contribuir al debilitamiento del suelo pélvico, especialmente el embarazo y el parto, pero también la herencia y el envejecimiento. Además, la práctica de malos hábitos cotidianos como retener mucho tiempo la orina y expulsarla con fuerza durante la micción, el uso de fajas o ropa muy ajustada, así como una mala alimentación que provoque obesidad o estreñimiento.

 

Rehabilitación del suelo pélvico

 

Existen varios tratamientos para fomentar la rehabilitación del suelo pélvico. La fisioterapia de la musculatura del suelo pélvico es la primera línea de tratamiento establecida por las guías clínicas nacionales e internacionales en esta área terapéutica. Los ejercicios del tipo Kegel así como los abdominales hipopresivos son los más utilizados por las personas que necesitan tonificar la musculatura del suelo pélvico:

 

Ejercicios Kegel: consiste en efectuar unos movimientos de contracción en la musculatura del suelo pélvico. Es importante identificar la musculatura que debe ejercitarse para poder hacerlo de manera correcta. Cuando se ejercita el suelo pélvico lo que se siente es una contracción que cierra y eleva hacia dentro y hacia arriba todas las aberturas relacionadas con el suelo pélvico, es decir, el ano, la uretra, y la vagina en el caso de las mujeres.

 

Abdominales hipopresivos: se trata de unos ejercicios mediante los cuales se puede reducir la presión abdominal que ejerce el paquete visceral sobre el suelo pélvico.

 

Otras técnicas fisioterapéuticas que ayudan a la tonificación del suelo pélvico son:

 

Masaje perineal: técnica manual aplicada a la zona del perineo desde el exterior (zona abdominal) o desde la vagina o ano.

 

Electroestimulación: técnica de estimulación muscular que consiste en la estimulación mediante electricidad aplicada a través de electrodos posicionados en la zona externa perineal, o en el interior de la vagina o ano. Se trata de una técnica pasiva que no requiere la implicación de la persona tratada, siendo especialmente útil en el caso de que no sea posible hacer los ejercicios de forma autónoma (por ejemplo, personas de edad avanzada).

 

Biofeedback: en esta técnica se requiere activamente el trabajo del paciente, que irá contrayendo los músculos con indicaciones del fisioterapeuta y con la ayuda de una máquina que monitoriza las contracciones.

 

Bolas chinas/conos vaginales: las mujeres pueden utilizar estos dispositivos para la tonificación de la musculatura del suelo pélvico. En el caso de las bolas chinas, estas efectúan una pequeña vibración que estimulará la musculatura del suelo pélvico. Los conos vaginales provocan una contracción del suelo pélvico cuando son introducidos en la vagina.

 

La fisioterapia del suelo pélvico es todavía una disciplina muy nueva a pesar de sus beneficios hayan sido demostrados, especialmente en cuanto a la mejora de la incontinencia urinaria, así como la calidad de la vida sexual. Es fundamental que la persona que deba reforzar la musculatura del suelo pélvico esté guiada por especialistas, ya que se trata de una musculatura poco conocida. Por lo tanto, la calidad en la realización de los ejercicios será proporcional a la mejora obtenida. Si se consigue hacerlo de forma correcta y se es constante los resultados serán considerables, provocando una auténtica mejora en la calidad de vida de estas personas.

 

 


Referencias

  1. Carneiro EF et al. Las características anatomofuncionales del suelo pélvico y la calidad de vida de mujeres con incontinencia urinaria de esfuerzo sometidas a ejercicios perineales. Actas Urológicas Españolas. 2010;34(9):788–793.
  2. En suelo firme (2014). Como localitzar los músculos del suelo pélvico.
  3. Un rayo de esperanza (2013). Rehabilitación del suelo pélvico.
  4. Biosfera. Exercicis de Kegel.
  5. Continence Foundation of Australia. Pelvic Floor Muscles.
  6. Pelvic floor first. Working your pelvic floor.

 

Trastornos del sueño, cómo dormir y descansar mejor

Dormir bien es importante para la salud física y para la mente. A parte de ayudar a restaurar los procesos mentales y consolidar el aprendizaje, un buen descanso también tiene efectos positivos en la presión arterial y la inmunidad.

 

Problemas y señales de insomnio

 

El insomnio es un problema común entre las personas que han superado un cáncer. Se puede presentar como una dificultad a la hora de dormirse, despertarse múltiples veces durante la noche o despertarse muy temprano por la mañana con incapacidad de conseguir dormirse de nuevo.

 

Estas alteraciones pueden provocar fatiga, debilitación durante el día, desencadenar problemas de memoria o de concentración. Algunos estudios han sugerido que el insomnio puede tener un papel importante en la esperanza de vida y por esa razón es importante identificar estos problemas y buscar un tratamiento para solucionarlos.

 

 

Consejos para dormir y descansar mejor

 

Hay una serie de hábitos y rutinas que pueden mejorar el sueño. Mantener un estilo de vida saludable siempre es recomendable. Comer bien y practicar ejercicio físico es clave para asegurar un buen descanso durante la noche.

 

Es importante conseguir un ambiente adecuado y sin distracciones. Se recomienda apagar todos los aparatos electrónicos como mínimo media hora antes de irse a dormir y mantener la habitación a oscuras.

 

Acostumbrar el cuerpo a seguir unos horarios también ayuda a descansar mejor, pero si aun se tienen problemas de sueño, hacer ejercicios de relajación sencillos antes de irse a dormir o practicar el mindfulness pueden ayudar a acabar de desconectar y a liberar las posibles tensiones.

 

La gente con insomnio tiende a mirar el reloj con frecuencia, pero se recomienda evitarlo ya que sólo sirve para aumentar la ansiedad y empeorar el insomnio.

 

Terapias para mejorar el insomnio

 

En varios estudios se ha demostrado que la intervención no farmacológica como las terapias de relajación, de control de estímulos, la educación de la higiene del sueño y otras estrategias destinadas a consolidar el sueño, han sido asociadas a una mejor calidad del sueño y a una reducción de la fatiga, demostrando así que la intervención no farmacológica puede ser efectiva en el tratamiento del insomnio en las personas que han superado cáncer.

 

Las terapias de relajación incluyen el entrenamiento de la respiración, de la relajación muscular, estiramientos y meditación para ayudar a inducir un estado de descanso.

 

La terapia de control de estímulos consiste en asociar el dormitorio únicamente en dormir, limitando al máximo todas las otras actividades como mirar la televisión, comer o leer en la cama. Eso se puede conseguir fácilmente yendo a la cama solo cuando se tiene sueño.

 

La higiene del sueño implica modificar las practicas habituales que pueden interferir con el sueño. Eso incluye evitar las bebidas con cafeína y alcohol como mínimo 6 horas antes de ir a dormir, así como evitar comidas contundentes o picantes para cenar. Para mejorar cualitativamente y cuantitativamente el descanso, se recomiendo comer de manera ligera por la noche, para evitar digestiones pesadas, y hacer ejercicio regularmente.

 

Crear una rutina para irse a dormir es muy útil para poder dormirse con mas facilidad. Eso puede incluir leer, escuchar música relajante, tomar un vaso de leche, un baño tibio o tener un tiempo de silencio y reflexión antes de irse a dormir. Cuando se realiza regularmente, nuestro cerebro asocia estas actividades con irse a dormir.

 

El insomnio se reconoce como a queja comuna en las personas que han superado cáncer. No obstante, este problema no ha estado reconocido por los investigadores hasta hace muy poco. Hay estudios en curso para determinar la etiología del insomnio en esta población y el tratamiento mas adecuado. Mientras que la investigación continua, se puede experimentar con terapias no farmacológicas y discutir el problema con mas detalle con su médico o con un especialista del sueño.

 


Referencias

Instituto Nacional del Cáncer (2015). Problemas para dormir.

Davidson J, Waisberg J, Brundage M, Maclean A. (2001). Nonpharmacologic Group Treatment of Insomnia: A Preliminary Study with Cancer Survivors. Psycho-Oncology, 10, pp.389-397.

Epstein D.R., Dirksen S.R. (2008). Randomized trial of a cognitive-behavioral intervention for insomnia in breast cancer survivors. Oncology Nursing Forum, 34(5), 51-59.

Consejos para mantenerse activo: Actividad física intensa

Como ya se ha comentado en artículos anteriores, la actividad física ofrece numerosos beneficios para las personas que han superado un cáncer. Hay evidencias que el condicionamiento físico y la pérdida de peso pueden ayudar a reducir el riesgo de que algunos tipos de cáncer vuelvan después del tratamiento, es decir, la posible recaída.

 

La mejor manera de empezar es con actividades físicas de baja intensidad, pero a medida que pasa el tiempo y se van observando los beneficios que comportan, es normal querer aumentar la actividad, así como el nivel de dificultad, practicando actividad física moderada y acabando hasta con una actividad física intensa, sobre todo en aquellas personas que ya estaban acostumbradas a practicar deporte antes de padecer un cáncer.

 

Hay que recordar que es importante hablar con el médico o personal de la salud adecuado sobre el tipo de ejercicio que se quiere practicar para asegurar que sea seguro y eficaz en cada caso.

 

 

Beneficios de practicar ejercicio de intensidad elevada

 

En un estudio reciente, se ha demostrado que hacer ejercicio de alta intensidad podría ayudar a combatir el cáncer. Eso es debido a la subida de adrenalina que se obtiene al ejercitarse a una intensidad elevada, que ayuda a movilizar unas células del sistema inmunológico llamadas “asesinas”, que juegan un papel central en la destrucción de células tumorales. A pesar de este beneficio, aun se tiene que estudiar con mas profundidad los efectos positivos de este tipo de ejercicios.

 

Hay que tener en cuenta que el dolor es una señal de alarma que avisa de un posible problema, así que siempre que se note un síntoma de dolor se debe aturar el entrenamiento. La recuperación entre dos sesiones de ejercicio físico es muy importante: no se debe forzar el organismo, de manera que, si un día se siente fatiga excesiva, se debería descansar y no continuar con otra sesión de ejercicio hasta volver a la normalidad.

 

¿Qué entendemos por ejercicios de intensidad elevada?

 

Una actividad es considerada de elevada intensidad si durante el ejercicio solo se pueden decir pocas palabras sin tener de parar para recuperar el aliento. En estos tipos de actividades el corazón late más rápido, se respira fuertemente y se termina sudando. Algunas sugerencias de actividades de este tipo son las siguientes:

 

  • Baile aeróbico
  • Saltar la comba
  • Correr
  • Ir en bicicleta a una velocidad superior a los 15km/h
  • Senderismo de montaña
  • Artes marciales
  • Deportes que impliquen correr o moverse en gran medida (futbol, baloncesto, tenis…)
  • Nadar rápido

 

Consejos

 

Como se ha comentado anteriormente, siempre es recomendable hacerse un examen físico completo antes de empezar a practicar ejercicio físico para poder evaluar el estado de salud actual, así como pedir consejo al médico para seguir un programa adecuado según el estado físico de cada persona.

 

Es importante recordar que seguir una dieta saludable i hacer ejercicio con regularidad ayudan a mejorar el bienestar y el estado de salud general, aumentando así la calidad de vida.


Referencias

Rock, C. L., Doyle, C., Demark-Wahnefried, W., Meyerhardt, J., Courneya, K. S., Schwartz, A. L., Bandera, E. V., Hamilton, K. K., Grant, B., McCullough, M., Byers, T. and Gansler, T. Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA Cancer J Clin. 2012 Jul-Aug;62(4):243-74.

Pedersen, L., Idorn, M., Olofsson, G., Lauenborg, B., Nookaew, I., Hansen, R., Johannesen, H., Becker, J., Pedersen, K., Dethlefsen, C., Nielsen, J., Gehl, J., Pedersen, B., Thor Straten, P. Y Hojman, P. Voluntary Running Suppresses Tumor Growth through Epinephrine- and IL-6-Dependent NK Cell Mobilization and Redistribution. Cell Metabolism. 2016 March; 23(3):554–562.

Consejos alimentarios para ostomitzados y resecciones del aparato digestivo

Una ostomía consiste en la creación de una salida artificial (mediante una intervención quirúrgica) desde el interior del intestino hasta el exterior del abdomen para facilitar la salida de las heces. Esta apertura se llama estoma. El estoma no tiene musculatura (esfínter) y, por tanto, los gases y las heces salen espontáneamente. Por este motivo hay un dispositivo de recogida o bolsa de ostomía que lleva un filtro para los gases y el olor.

Las ostomías pueden ser temporales, cuando existe la posibilidad de restaurar el tránsito intestinal, o definitivas, cuando no es posible la reconstrucción.

En función del tramo de intestino que comunica con el exterior, los tipos de ostomías más frecuentes son: la colostomía, que es la exteriorización del colon a través de la pared abdominal, y la ileostomía, cuando se trata del íleon.

Dieta para personas ostomizadas

Generalmente, no es necesario que la persona colostomitzada o ileostomitzada modifique su dieta habitual, pero sí es importante seguir una dieta equilibrada, variada y saludable.

Base su alimentación en su propia experiencia, usted es quien mejor conoce qué alimentos tolera bien y cuáles no.

Es aconsejable limitar el consumo excesivo de los alimentos que producen gases para evitar que la bolsa de ostomía hinche.

Recomendaciones:

  • Tras la intervención comience a introducir los alimentos gradualmente, para detectar cuáles no tolera bien.
  • Evite las comidas abundantes y reparta la cantidad de un día en seis tomas para favorecer la absorción de nutrientes y sentirse mejor con la digestión.
  • Mastique los alimentos lentamente y con la boca cerrada para no tragar aire.
  • Evite los fritos y guisos especiados, ya que son más difíciles de digerir.
  • Intente mantener siempre el mismo horario de las comidas para regularizar el tránsito intestinal.
  • Beba de 1,5 a 2 litros de líquidos al día para evitar la deshidratación y el estreñimiento, excepto por contraindicación médica. Es mejor que tome los líquidos fuera de las comidas.
  • Evite los aumentos de peso, dificultarían la adaptación del dispositivo recolector y para prevenir complicaciones relacionadas con el estoma.

Alimentos que pueden provocar gases:

  • Legumbres
  • Guisantes
  • Brócoli, col y coliflor
  • Pepino
  • Espinacas
  • Calabaza
  • Lácteos
  • Champiñones
  • Maíz
  • Rábanos
  • Cerveza y bebidas con gas
  • Pan caliente

Alimentos que se pueden digerir de manera incompleta (tomarlos en poca cantidad o en forma de purés):

  • Lechuga
  • Apio, pepino
  • Espinacas
  • Zanahoria
  • Guisantes
  • Champiñones
  • Maíz
  • Aceitunas
  • Frutos secos
  • Piña

Alimentos que dan consistencia a las heces:

  • Manzana cocida
  • Plátano
  • Membrillo
  • Patata
  • Arroz
  • Sémola
  • Pan
  • Zanahoria cocida
  • Leche sin lactosa

Alimentos recomendados en caso de estreñimiento

  • Verduras (principalmente crudas y las de hoja verde)
  • Fruta cruda (principalmente zumos y ciruelas)
  • Legumbres

Hay que recalcar que en las ileostomías hay que reducir el aporte de fibra y componentes que aceleran el tránsito intestinal y, por otro lado, aumentar la ingesta de líquidos y de alimentos que espesan las heces. Aunque resulte difícil, es importante ser paciente y seguir experimentando con la dieta a fin de encontrar las combinaciones que ofrezcan un mejor resultado.

Cualquier duda que tenga consulte a su médico o enfermera estomaterapeuta.


Referencias

  1. Ehlers-Crim, J. Guía de nutrición y dieta. United Ostomy Association (UOA), Inc.; 2005.
  2. Germans Trias i Pujol Hospital. Guia educativa del pacient ostomitzat. 2002.
  3. Col·legi Oficial d’Infermeria de les Illes Balears. Els pacients ostomitzats poden dur una vida normal. 2015.
  4. Oncolliga. Associació Catalana d’Ostomitzats (ACO). 2017.

Consejos para mantenerse activo: actividad física moderada

Como ya hemos comentado en artículos anteriores la actividad física tiene una importancia fundamental en la adquisición de unos hábitos de vida saludables. Hay una gran cantidad de estudios que han demostrado una asociación entre el ejercicio habitual y un menor riesgo de efectos secundarios después del cáncer, así como tasas de recaída más bajas y una mejor supervivencia global.

La mejor manera de empezar es con actividades físicas de baja intensidad, pero con el paso de tiempo es posible que se quiera aumentar la dificultad y la duración de estos ejercicios o incluir nuevas actividades, especialmente en aquellas personas que tenían un perfil muy activo antes del cáncer.

Es fundamental hablar con el médico o fisioterapeuta sobre el tipo de ejercicio que se está considerando, para asegurar que será seguro en cada caso.

Beneficios de practicar ejercicio moderado

Se han realizado diversos estudios con personas que han superado el cáncer de mama, colorrectal, de próstata y de ovario donde se observa que las personas con niveles superiores de actividad física después de superar un cáncer tenían tendencia a vivir más tiempo, así como una probabilidad más baja de recaída.

El ejercicio moderado se asocia a algunos beneficios como mejoras significativas en la función cardiopulmonar (aptitud aeróbica), en la flexibilidad, fuerza y ​​la calidad de vida. Además, parece que el ejercicio moderado puede proteger contra la osteoporosis (adelgazamiento de los huesos).

La osteoporosis es una preocupación para muchas mujeres menopáusicas que han tenido cánceres dependientes de hormonas y, por tanto, no pueden tomar la terapia de reemplazo hormonal. Se ha observado que hacer ejercicio moderado ayuda a preservar la densidad mineral ósea, incluso cuando ya se habían prescrito bifosfonatos, calcio y vitamina D.

La fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más angustiantes sufridos por los pacientes durante y después de la terapia contra el cáncer. Se ha demostrado que los programas de ejercicios supervisados ​​reducen la fatiga relacionada con el cáncer en las personas que han superado un cáncer de mama.

Muchas personas pierden músculo y ganan grasa durante el tratamiento contra el cáncer. En este sentido, con la actividad física moderada puede reducir el peso, mejorar el índice de masa magra, la densidad mineral ósea, y la fuerza muscular. Esta mejora en la composición corporal (grasas, huesos y músculos) aparte de aumentar la aptitud física también puede tener un efecto psicológico positivo en mejorar la autoestima y la imagen corporal. La actividad física moderada también tiene un efecto psicológico positivo reduciendo la ansiedad y la depresión.

¿Qué entendemos por ejercicios de intensidad media?

Una manera fácil de identificar un ejercicio de intensidad media sería mediante la intensidad de la respiración. Este es el caso de aquellas actividades con las que se puede notar que respiramos fuertemente, al igual que lo haríamos al caminar de manera rápida. De hecho, caminar es una buena actividad física moderada, como lo serían también los bailes de salón, remar (en canoa), practicar golf o jardinería.

Ejercicios de intensidad media recomendados

Idealmente, las personas que han superado un cáncer deberían combinar los ejercicios aeróbicos con el entrenamiento con pesas. Se puede aumentar la actividad física sin ir a un gimnasio, o incluso sin salir de la casa, basta con añadir más actividad física en la rutina diaria. Estas son algunas sugerencias:

  • Tomar las escaleras en lugar de subir en el ascensor.
  • Adquirir un podómetro (contador de pasos) y aumentar su cantidad de pasos diarios. Se pueden encontrar varias pulseras de actividad o aplicaciones para teléfonos móviles que realizan esta función.
  • Hacer frecuentes descansos durante todo el día para ponerse de pie, estirarse y hacer paseos cortos.
  • Hacer estiramientos para mantener los músculos y las articulaciones flexibles.

Por otro lado, alguien que iba al gimnasio antes del cáncer, es posible que tenga que disminuir la intensidad de los ejercicios durante un tiempo, aun así, se puede:

  • Realizar un ejercicio aeróbico que aumente la frecuencia cardíaca: caminatas rápidas (al aire libre o en una cinta), nadar o ir en bicicleta.
  • Hacer un entrenamiento de fuerza para tonificar los músculos: levantar pesas, trabajar con máquinas de ejercicios o bandas de resistencia.

Dependiendo del nivel de acondicionamiento físico y de confort es posible que algunas personas quieran comenzar con una caminata de 10 minutos; otros pueden encontrar que pueden ejercer durante 20 minutos (o más) de inmediato. El objetivo debería ser por lo menos 30 minutos de ejercicio aeróbico cinco días a la semana o más, hasta las 3 horas de actividad física semanales.

Se recomienda comenzar lentamente. Si es nuevo a la hora de hacer ejercicio, aumente lentamente la duración y la intensidad de la actividad física. Es importante tener cuidado: si se intenta hacer demasiado esfuerzo, es posible desanimarse y dejar de ejercitarse completamente.

¿Qué pasa si estamos demasiado agotados para hacer ejercicio?

A veces la fatiga puede ser tan fuerte que es bueno descansar temporalmente. Reposar por un tiempo, empezar de nuevo lentamente y reponerse. Así el nivel de energía aumentará a largo plazo. Estos son algunas sugerencias adicionales:

  • Si no se tiene la energía para ejercerse durante media hora completa, repartirla: haga tres caminatas de 10 minutos durante el día.
  • Hacer el ejercicio agradable: buscar un compañero de actividades o escuchar música mientras se utiliza la bicicleta o en la cinta de correr.
  • Beber mucha agua.
  • Considerar el yoga y el tai-chi; aunque no sean ejercicios aeróbicos integran el movimiento y la meditación y mejoran el bienestar.
  • Buscar programas diseñados para pacientes con cáncer. Algunas asociaciones de pacientes y hospitales ofrecen clases de ejercicios que responden a las necesidades de las personas que han superado un cáncer.
  • Escuche su cuerpo; no haga ejercicio si no se encuentra bien.

Consejos

Los riesgos de practicar ejercicio moderado para las personas que han superado un cáncer no son demasiado diferentes a los de la población general. Existe el riesgo de que se produzcan lesiones musculoesqueléticas (dolor, esguinces, etc.), por lo tanto, debería ser siempre un tipo de actividad sin sobreesfuerzos ni excesos. También se deben tener en cuenta algunas consideraciones: en las personas con anemia grave, el sistema inmunológico debilitado o que hayan recibido radioterapia.

Por estos y otros motivos siempre es recomendable tener un examen físico completo y obtener la aprobación de su oncólogo antes de comenzar un programa de ejercicio moderado a vigoroso. Por lo tanto, es muy recomendable para todas las personas que han superado un cáncer llevar a cabo un programa de ejercicios adecuado a su estado físico. Siempre que se dirijan los riesgos aquí comentados, la práctica de ejercicio moderado resulta muy beneficiosa, ya que ha demostrado aumentar la calidad de vida de las personas que han superado un cáncer, tanto a nivel físico como a nivel psicológico.

Para más información sobre actividades y talleres recordar que las entidades de la FECEC ofrecen un servicio que pone a disposición de las personas que han superado la enfermedad, un espacio de encuentro informal para la mejora de su bienestar.


Referencias

  1. Rock, C. L., Doyle, C., Demark-Wahnefried, W., Meyerhardt, J., Courneya, K. S., Schwartz, A. L., Bandera, E. V., Hamilton, K. K., Grant, B., McCullough, M., Byers, T. and Gansler, T. (2012), Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA: A Cancer Journal for Clinicians, 62: 242–274.
  2. Instituto Nacional del Cáncer. 2017. Actividad física y cáncer.
  3. Paul O’Neill. 2017. Exercise for Cancer Patients: Fitness after Treatment.

Mindfulness: conecta con el aquí y ahora

Todas las fases por las que pasa un paciente con cáncer, desde el diagnóstico hasta la etapa que comienza tras la finalización del tratamiento, suponen un fuerte impacto emocional que modifica la vida de las personas de la noche a la mañana. La enfermedad transforma su día a día, su espacio y su tiempo. No es fácil asimilar esta nueva situación y se necesita tiempo y herramientas para adaptarse a esta nueva realidad.

Una herramienta que puede ser de utilidad para hacer frente a las situaciones generadoras de estrés que las personas pueden vivir a lo largo de su convivencia con la enfermedad, es la práctica del mindfulness o atención plena.

¿Qué beneficios puede aportar el mindfulness después del cáncer?

¿Te has parado alguna vez a observar tus pensamientos? Si es así, te habrás dado cuenta de que la mayor parte del tiempo nuestra mente está enfocada a repasar acciones del pasado, analizando qué es lo que podríamos haber modificado y preguntándonos si esto hubiera cambiado nuestra situación actual … o bien, otra gran parte del tiempo nuestra mente está centrada en acciones del futuro, preguntándonos ¿qué me dirá el doctor la próxima visita? ¿Qué cosas tengo pendientes? ¿Qué pasará si…?… 

Pero en realidad, no podemos saber si todas estas preocupaciones serán la realidad de nuestro futuro y, por lo tanto, hoy sólo son resultado de nuestra mente. Por otro lado, los acontecimientos que han tenido lugar en el pasado, por mucho que los repasamos en nuestra mente, no podremos cambiarlos. Sin embargo, hay un único momento que podemos vivir y donde nuestras acciones tienen un efecto inmediato; el momento presente. Entonces, ¿por qué no ponemos toda nuestra atención en él?

El mindfulness o la atención plena es una conciencia sin juicios que se cultiva instante tras instante mediante un tipo especial de atención abierta, no reactiva y sin prejuicios en el momento presente.

Numerosos estudios clínicos están demostrando que la práctica del mindfulness tiene efectos beneficiosos a nivel psicológico y fisiológico en las personas afectadas con cáncer mejorando algunos síntomas y secuelas que persisten incluso cuando ha terminado la fase de tratamiento activo: la fatiga, los problemas de sueño, la gestión del estrés, la ansiedad, la depresión, efectos a nivel inmunológico, etc.

Esta práctica nos enseña a reconocer y a la vez no detenernos en los pensamientos recurrentes, centrándonos en el presente, en el aquí y el ahora, en cómo nos sentimos en este momento, sin juicios ni valores, teniéndonos en cuenta a nosotros mismos, a nuestras emociones, sentimientos y nuestras sensaciones en el momento presente.

La práctica del mindfulness permite desarrollar una mejor salud psicológica para afrontar las consecuencias de la enfermedad, mejorando el bienestar a través de la meditación consciente: permitiendo a las personas ocuparse de las emociones adversas y difíciles, construyendo estrategias para adaptarse a las diversas situaciones con las que se enfrentan día a día.

A medida que se avanza con la práctica del mindfulness, aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo a través de todas las ventanas sensoriales y a atender al flujo de nuestros pensamientos y sentimientos, iniciando así el proceso de restablecimiento y fortalecimiento de la conexión con el aquí y el ahora.

Iníciate con la práctica

Meditación formal

Un ejercicio que nos ayuda a anclar al momento presente es la práctica de la respiración consciente. Al centrarnos en nuestra respiración, conectamos con nuestro presente, dejando el pasado atrás y dando paso al futuro, dejando que llegue en su momento. Llevando la atención a nuestra respiración, nuestra mente conecta con nuestro cuerpo y podemos encontrarnos aquí, vivos, en el momento presente.

Para iniciarte con esta práctica sólo tienes que adoptar la posición de meditación que consiste en sentarse sobre un cojín de meditación (o zafú) o una silla, procurando que la espalda esté recta, pero sin tensión. También tienes que fijarte en cómo se encuentran tus hombros, intentando que estén relajadas. Las manos pueden apoyarse sobre tus piernas o bien una encima de la otra. La barbilla se inclina ligeramente hacia abajo sin provocar que la cabeza caiga hacia adelante, manteniendo nuestras cervicales alineadas con el resto de nuestra columna. Puedes cerrar los ojos si lo prefieres o bien mantener la mirada baja.

Puedes empezar llevando tu atención a la respiración, intentando respirar por la nariz si te es posible y sin controlar o modificar tu respiración. Deja que vaya a su propio ritmo.

Lleva tu atención a las sensaciones que produce la respiración en tu cuerpo, pudiendo escoger poner atención a las sensaciones que se producen en tu nariz, en tu pecho o en tu abdomen, mientras dejas que el aire entre y salga del tu cuerpo libremente. También puedes poner atención a la respiración en todo su recorrido, fijándote en la fase de inspiración, y en la fase de exhalación.

Quizás puedes percibir la pequeña pausa que se produce entre inspiración y expiración debido al cambio de sentido del aire, y la pequeña pausa que se produce al final de la exhalación hasta el principio de la siguiente inspiración. Si quieres, puedes contar respiraciones para mantener tu atención. Contando desde 10 hasta 1, y si pierdes la cuenta vuelves a empezar: 10 inspiro, 10 exhalo, 9 inspiro, 9 exhalo, 8 inspiro, 8 exhalo … y así sucesivamente hasta llegar a 1.

Es normal que nuestra mente pueda alejarse del foco de la atención distrayéndose con pensamientos, preocupaciones o emociones. Si te pasa durante la práctica, con amabilidad lleva de nuevo tu atención en la respiración, sin dejarte llevar por estos pensamientos o distracciones. Lo importante es darse cuenta y volver la atención a nuestra respiración.

Puedes recurrir a la respiración siempre que quieras, como si fuera tu refugio, como volver a casa. La respiración es un movimiento involuntario que se crea en ti. Sólo tienes que aceptarla tal como es, sin inferir en su ritmo. La respiración es vida.

Actividades del día a día con consciencia plena 

Para comenzar con la práctica informal te proponemos el siguiente ejercicio: realizar cada semana una actividad de tu vida diaria con conciencia plena.

Elige una actividad rutinaria de tu vida cotidiana y experimenta hacerla con conciencia plena cada vez que la realices. Observa como si fuera algo nuevo y especial, como si fuera la primera vez que la haces. Intenta darte cuenta de todos los movimientos que haces mientras realizas la actividad.

Puedes escoger preparar una taza de té o café, el momento de la ducha, lavar los platos, el camino desde casa al trabajo, instituto o universidad, lavarse los dientes, … Puedes hacer la actividad a tu ritmo habitual o bien realizar cada movimiento lentamente, a 1/3 de la velocidad a la que lo harías normalmente.

Observa cada sensación (tacto, olfato, vista, oído, gusto y la posición de tu cuerpo a cada movimiento). Si tu mente se dispersa, vuelve tu atención de nuevo en tu respiración y luego a la actividad y describe en tu mente el movimiento de aquel momento (estoy abriendo el grifo) hasta que tu fascinación natural con los sentidos se haga cargo.

Puedes practicar cada ejercicio al menos una vez al día. Quizás con la práctica podrás darte cuenta de que cada día es diferente; la práctica del mindfulness a veces nos puede proporcionar relajación, bienestar y calma, pero otras veces quizás nos lleva a experimentar inquietud, incomodidad, … Sea cual sea tu experiencia estará bien, no esperes un efecto en concreto; experimenta y vive cada instante tal como es.

Otros recursos de interés para profundizar con la práctica 

Si tienes ganas de iniciarte en esta práctica hay centros y muchos libros que pueden ayudarte. Aquí te ofrecemos unos cuantos:

  • Libros:
    • Mindfulness para principiantes. Jon Kabat-Zinn. Editorial Kairós.
    • Con rumbo propio. Disfruta de la vida sin estrés. Andrés Martín Asuero. Plataforma Editorial.
    • Mindfulness-Based Cancer Recovery: A Step-by-Step MBSR Approach to Help You Cope with Treatment and Reclaim Your Life. Linda E. Carlson. New Harbinger Publications.
    • Aprender a practicar mindfulness. Vicente Simón. Sello Editorial.

 


Referencias

Kabat-Zinn J. La práctica de la Atención Plena. Séptima ed. Barcelona: Editorial Kairós, S.A.; 2016.

Rush SE, Sharma M. Mindfulness-Based Stress Reduction as a Stress Management Intervention for Cancer Care. J Evid Based Complementary Altern Med 2017;22:348–60.

Sanada K, Alda Díez M, Salas Valero M, Pérez-Yus MC, Demarzo MMP, Montero-Marín J, et al. Effects of mindfulness-based interventions on biomarkers in healthy and cancer populations: a systematic review. BMC Complement Altern Med 2017;17:125.

Carlson LE, Speca M. Mindfulness-Based Cancer Recovery: A Step-by-Step MBSR Approach to Help You Cope with Treatment and Reclaim Your Life. New Harbinger Publications, Inc.; 2010.

7 consejos alimenticios para tener en cuenta de cara al otoño

La mayoría de efectos secundarios del tratamiento contra el cáncer relacionados con la alimentación desaparecen una vez éste finaliza, pero hay algunos como la falta de apetito, la sequedad de boca, el hecho de percibir olores o sabores extraños, tener problemas para tragar o sufrir cambios de peso que pueden persistir durante un tiempo.

Las personas que presenten estos síntomas deberían comentarlo con el especialista para poder establecer una estrategia terapéutica que alivie estas molestias. Una vez las molestias derivadas del tratamiento desaparecen, es frecuente que muchas personas se pregunten qué directrices podrían seguir para comer de una manera sana.

Seguir una dieta equilibrada, basada en unos hábitos de alimentación saludables (link dieta junio), es importante durante todo el año. Sin embargo, hay algunos aspectos como la hidratación, los que hay que prestar especial atención. Además, las vacaciones a menudo conllevan cambios en la rutina, y a la vuelta se deberían reemprender los buenos hábitos.

Por ello hemos elaborado una guía de 7 hábitos saludables de alimentación a seguir de cara al otoño:

 

  1. Hidratación: Es fundamental mantener un estado de hidratación adecuado. Aunque el calor parece estar disminuyendo, seguimos teniendo pérdidas de líquido en forma de sudor, por eso es muy importante la ingesta de agua, frutas y verduras, por ejemplo, en forma de gazpacho o sopas frías.
  2. Dieta mediterránea: Es muy importante seguir un patrón de dieta mediterránea, que se podría resumir en:
    1. Utilizar el aceite de oliva como principal fuente de grasa de adición
    2. Consumir diariamente frutas, verduras, legumbres y alimentos procedentes de los cereales (pan, pasta y arroz, especialmente en su versión integral)
    3. Moderar el consumo de carnes rojas y procesadas, sustituyéndolas por otras fuentes de proteínas como pescado y huevos
    4. Promover la ingesta de alimentos poco procesados ​​y favorecer la de alimentos frescos
    5. Consumir con mucha moderación dulces, pasteles y otros productos de bollería

Se ha demostrado que mantener estos hábitos de alimentación constituye uno de los patrones de alimentación más saludables y ofrece importantes beneficios para la salud, que incluyen la prevención de enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer.

  1. Consumir frutas y verduras de temporada: De cara al otoño podemos encontrar una gran cantidad de frutas y verduras de temporada que, además de hidratarnos, tienen un contenido bajo en calorías. El momento ideal para tomarlas sería a media mañana o media tarde, cuando se puede recurrir a frutas como las moras, el kiwi, mandarinas o naranjas, todas ellas con un alto contenido de vitamina C, lo que supone una aportación considerable de antioxidantes.
  2. Prescindir de los refrescos azucarados: Aunque son muy útiles para quitar la sed, deberían intentar eliminar este tipo de bebidas de la dieta. Se pueden sustituir por agua (la alternativa más saludable), infusiones sin azúcar o bebidas con edulcorantes que no aporten calorías.
  3. Moderar la ingesta de calorías: Se debería intentar rehuir de comidas copiosas con un gran contenido calórico, para evitar las digestiones pesadas. Es recomendable controlar la cantidad de alimentos de cada comida, utilizando raciones reducidas, aunque se trate de alimentos saludables.
  4. Incorporar frutos secos en la dieta: Son alimentos muy nutritivos, ricos en proteínas, ácidos grasos como el omega 3 y 6, fibra, vitaminas y minerales. Además, también protegen a nuestro organismo de los radicales libres.
  5. Incrementar la actividad física: con el fin de no aumentar de peso, se debería incrementar el gasto calórico. La mejor manera de conseguirlo es mediante la actividad física suave y moderada, practicada de forma regular 4 o 5 veces por semana. El otoño es una buena época para practicar ejercicio suave, aprovechando el clima y que se pueden hacer actividades al aire libre, ya que las temperaturas en el exterior no son tan altas y resultan bastante agradables.

Así pues, aunque es importante mantener una alimentación sana durante todo el año, hay que prestar atención a la vuelta de las vacaciones, ya que es importante recuperar los hábitos saludables. Las personas que tienen una dieta completa y variada pueden ver como poco a poco recuperan la energía y observan mejoras en su fuerza, vitalidad y bienestar general.

 


Referencias

Estruch R, et al. Primary prevention of cardiovascular disease with a
Mediterranean diet. N Engl J Med. 2013 Apr 4;368(14):1279-90.

American Cancer Society, 2015. Nutrition after treatment ends.

El País (2017) ¿Por qué no engordan los frutos secos?.

Consejos para mantenerse activo: actividad física ligera

Numerosos estudios han demostrado que la actividad física puede tener efectos beneficiosos en las personas que han superado un cáncer en diversos aspectos relacionados con la calidad de vida y la supervivencia .

Aunque la actividad física tiene muchos beneficios, no todos aquellos que ha superado o cronificado un cáncer están preparados para llevar a cabo el mismo tipo de ejercicio físico o con la misma intensidad. Esto es especialmente importante en aquellas personas con riesgo de desarrollar complicaciones respiratorias o cardíacas. Por lo tanto, antes de empezar cualquier programa de ejercicios es esencial consultar con un médico.

¿Cómo empezar?

Una buena manera de empezar es con las actividades físicas de baja intensidad. Estos ejercicios deben ser actividades segurasgratificantesfáciles de realizar y motivadores. Se pueden incluir muchas actividades cotidianas en esta categoría como caminar, subir escaleras, jugar con una mascota, hacer tareas de casa, cocinar, jardinería o hacer algún tipo de ejercicio, yoga, bailar o ir en bicicleta.

Se recomienda iniciar el ejercicio durante poco rato pero repetirlo regularmente: por ejemplo, caminar 10-15 minutos de tres a cinco veces por semana; y aumentar la duración y la intensidad con el tiempo. El objetivo, si no hay ninguna contraindicación, es ejercitarse al menos dos horas y media por semana.

Si la falta de tiempo, de costumbre o de energía impide una sesión de ejercicios prolongada, se pueden hacer sesiones más cortas. De hecho, los expertos han observado que los beneficios para la salud de varias sesiones cortas (10 minutos) son similares a los de una sesión de ejercicio más larga. También es importante incluir entrenamiento de fuerza al menos 2 días por semana, como levantar pesas u otros ejercicios de musculación. La fuerza, flexibilidad y aptitud aeróbica son partes importantes de un buen programa de ejercicios.

Ejercicios de baja intensidad recomendados

La marcha nórdicaconsiste en caminar con la ayuda de dos bastones similares a los que se utilizan para el esquí. El esfuerzo físico se distribuye de forma equilibrada por varios grupos musculares, las piernas, la espalda, el abdomen y la parte superior del cuerpo con el uso de bastones. La intensidad del ejercicio viene marcada por el tipo de terreno donde se practica y la velocidad de la marcha. En Catalunya hay varios grupos y asociaciones de practicantes de marcha nórdica que ofrecen rutas y excursiones para todos los niveles. Además, nos mostrarán como tener una postura y técnica correctas para caminar.

La natación es un ejercicio de bajo impacto a nivel articular, que permite para aumentar la capacidad cardiovascular, el gasto de calorías y la tonificación muscular. También tiene beneficios a nivel psicológico reduciendo los niveles de estrés y ansiedad. Cuando se nada de manera suave y relajada se puede convertir en una forma de meditación simple y reconfortante. Para aquellas personas que no pueden o saben nadar, hay otras actividades que se pueden hacer dentro del agua, con los beneficios que implica la resistencia mecánica de este medio, tales como gimnasia acuáticaaquaerobic, etc.

Circular en bicicletaa un ritmo suave, de paseo, que no implique un sobreesfuerzo, es también un ejercicio de bajo impacto donde se ejercitan varios grupos musculares de todo el cuerpo. Se recomiendan paseos de 20-30 minutos, que pueden utilizarse para realizar trayectos cotidianos, o usar una bicicleta estática desde la comodidad del hogar o el gimnasio.

Los ejercicios de yoga, tai-chiestiramientos fortalecen los huesos (aumenta la densidad ósea) y los músculos, aumentan la flexibilidad y la movilidad articular. También mejoran el estado mental, ayudan a combatir el estrés y a dormir mejor. En combinación con ejercicios de tonificación como pilates, también puede ayudar a fortalecer la espalda y reeducarla a nivel postural.

 

Algunas entidades federadas de la FECEC ofrecen distintas actividades de este tipo, que se puede encontrar en este enlace .

¿Qué beneficios tiene el ejercicio?

La investigación muestra que las personas que han superado el cáncer y que son físicamente activas tienen mejores tasas de supervivencia y recurrencia de la enfermedad, en comparación con aquellas personas físicamente inactivas. También se ha demostrado que muchas personas tienen más energía cuando participan en actividades físicas ligeras, por lo tanto, es una buena manera de reducir la fatiga asociada al cáncer

La clave es evitar la inactividad porque cualquier tipo de actividad física, aunque parezca poca, puede ser positiva. Hay muchas actividades que se pueden considerar ejercicios de baja intensidad, se trata de encontrar aquellas que sean motivadoras y adaptadas a las condiciones físicas de cada persona. Siempre es una buena idea comenzar poco a poco, adquirir hábitos saludables y con el tiempo, aumentar la duración e intensidad de actividad física, adecuándola a las necesidades de cada uno.


Referencias

American Society of Clinical Oncology (ASCO). 2017. “Physical Activity Tips for Survivors | Cancer.Net.” http://www.cancer.net/survivorship/healthy-living/physical-activity-tips-survivors

Blair CK, Morey MC, Desmond RA, Cohen HJ, Sloane R, Snyder DC, et al. Light-Intensity Activity Attenuates Functional Decline in Older Cancer Survivors. Med Sci Sport Exerc 2014;46:1375–83.