Dieta antiinflamatoria para cuidar la salud después del cáncer

Después de superar un cáncer, muchas personas buscan maneras de cuidar su salud y sentirse mejor en el día a día. La alimentación es uno de los pilares del estilo de vida saludable y puede contribuir a mejorar el bienestar general, la energía y la calidad de vida a largo plazo.

En este contexto, a menudo se habla de la dieta antiinflamatoria. Este concepto no hace referencia a una alimentación específica ni a una pauta terapéutica, sino a un patrón alimentario saludable, alineado con las recomendaciones de las principales organizaciones internacionales, que puede ayudar a reducir o retardar procesos inflamatorios crónicos y a cuidar la salud después de los tratamientos oncológicos.

 

¿Qué es la inflamación y qué quiere decir alimentación antiinflamatoria?

La inflamación es una respuesta natural del cuerpo ante una infección, una lesión o una agresión externa. Esta inflamación aguda (de respuesta inmediata y de corta duración) es necesaria y forma parte de los mecanismos de defensa del organismo.

El problema aparece cuando la inflamación se mantiene de manera continuada en el tiempo, en forma de inflamación crónica de bajo grado. Este tipo de inflamación se ha relacionado con varias enfermedades crónicas y puede estar influenciada por diferentes factores del estilo de vida, como la actividad física, el descanso y la alimentación.

Cuando hablamos de dieta antiinflamatoria, nos referimos a un patrón alimentario que:

  • prioriza alimentos frescos y poco procesados,
  • favorece el consumo de alimentos de origen vegetal,
  • utiliza grasas saludables,
  • y limita el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos y carnes procesadas.

Este enfoque es coherente con la dieta mediterránea y con las recomendaciones generales de salud para las personas que han superado un cáncer.

 

¿Qué dice la evidencia científica?

En los últimos años, diferentes estudios han analizado la relación entre el potencial inflamatorio de la dieta y la salud de las personas que han superado un cáncer. Algunas investigaciones han observado que seguir una dieta con un menor potencial inflamatorio se asocia con mejores resultados de salud global, como una mejor supervivencia general.

Es importante destacar que la mayor parte de estos datos provienen de estudios observacionales, es decir, estudios donde solo se observan y se analizan datos sin intervenir ni modificar el comportamiento de las personas. Esto quiere decir que no se puede establecer una relación directa de causa y efecto, ni afirmar que una dieta antiinflamatoria prevenga recidivas, sustituya los tratamientos médicos o se aplique igualmente en todos los tipos de cáncer.

Aun así, las principales organizaciones internacionales, como el World Cancer Research Fund o el American Cancer Society, coinciden en recomendar que personas que han superado un cáncer adopten un patrón alimentario saludable, equilibrado y sostenible, similar a lo que se considera una dieta antiinflamatoria.

 

Dieta antiinflamatoria en la práctica

Adoptar una dieta antiinflamatoria no implica seguir normes estrictas, sino hacer elecciones cotidianas que, en conjunto, favorezcan la salud.

Alimentos que se recomienda priorizar

  • Verduras y hortalizas variadas, mejor de diferentes colores para favorecer la diversidad de nutrientes como vitaminas y antioxidantes.
  • Fruta entera, es decir, no en forma de zumo. Ingerir la fruta entera aporta beneficios como el aumento de la fibra, que regula la absorción de los azúcares y mejora el control glucémico. Además, aumenta la sensación de saciedad y reduce el riesgo de consumo excesivo de azúcares libres.
  • Legumbres, como lentejas, garbanzos o judías, que también aportan fibra, son una fuente de proteína de origen vegetal, bajas en grasas poco saludables y ricas en antioxidantes y micronutrientes.
  • Cereales integrales, como la pasta, el pan y el arroz integrales, la avena o la quinoa.
  • Aceite de oliva virgen extra como grasa principal, y otras grasas de origen vegetal (como las de los frutos secos y semillas) ricas en ácidos grasos insaturados que juegan un papel importante al modular la inflamación.
  • Frutos secos, como nueces, almendras o anacardos, y semillas como las de chía o lino.
  • Pescado y marisco, especialmente el pescado azul, como sardinas, boquerones, trucha, caballa o salmón, entre otros.
  • Otras proteínas animales como las carnes blancas de pollo o pavo, y también de conejo.

Alimentos que se recomienda limitar

  • Carnes procesadas, como embutidos, y otros productos como hamburguesas industriales o patés.
  • Consumo elevado (más de 2-3 raciones por semana) de carne roja, como la carne de ternera, cordero, cerdo o caballo.
  • Bebidas azucaradas, como los refrescos, bebidas energéticas, zumos con azúcares añadidos, batidos o infusiones comerciales.
  • Bollería, galletas, pasteles y dulces habituales.
  • Alimentos ultraprocesados ricos en azúcares, sal y grasas de baja calidad, como los cereales azucarados, la comida rápida (fast food), los lácteos industriales azucarados o los ‘snacks’ salados y fritos.
  • Bebidas alcohólicas.

Además, se recomienda que el agua sea la bebida principal para estar bien hidratado, y que los platos se organicen repartiendo las porciones de acuerdo con el llamado ‘Plato de Harvard’:

  • La mitad del plato con frutas y verduras de diferentes colores, que aporten fibra, vitaminas y antioxidantes.
  • Un cuarto del plato con proteínas saludables, priorizando las mencionadas anteriormente.
  • El último cuarto del plato con cereales integrales.
  • Pequeñas cantidades de grasas saludables, como el aceite de oliva, los frutos secos o las semillas.

El objetivo es construir una alimentación basada en alimentos poco procesados, adaptada a los gustos y a las necesidades de cada persona.

Técnicas culinarias recomendables

La manera de cocinar también influye en la calidad de la alimentación. Algunas recomendaciones generales son:

  • Priorizar técnicas de cocción suaves, como el vapor, el cocido, el horno o los guisos.
  • Limitar los fritos frecuentes.
  • Utilizar hierbas aromáticas y especias para potenciar el sabor y reducir el exceso de sal.
  • Priorizar platos sencillos y cocinados en casa siempre que sea posible.

Estas estrategias ayudan a mantener el valor nutricional de los alimentos y a seguir una alimentación saludable de manera sostenida.

Relación entre la dieta antinflamatoria y la salud digestiva

Muchas personas que han superado un cáncer pueden presentar cambios o molestias digestivas derivadas de los tratamientos o del propio cáncer. En general, una alimentación rica en alimentos de origen vegetal y fibra puede contribuir a la mejora de la salud intestinal.

Aun así, no todas las personas toleran igual este tipo de alimentación. Por este motivo, es importante:

  • introducir los cambios de manera progresiva,
  • adaptar los alimentos, las cantidades y las texturas según la tolerancia individual,
  • y tener en cuenta las recomendaciones específicas en caso de secuelas digestivas.

Ante síntomas persistentes o dudas, es recomendable consultar con profesionales de la salud especializados.

 

Referencias

 

 

 

¿Quieres recibir las últimas noticias con nuestro boletín?

¿Quieres recibir las últimas noticias con nuestro boletín?

 

Inscríbete