Testimonio Maria Carmen

Cuando te dijeron que ya estabas recuperado/da, ¿cuáles fueron las principales dudas o temores que te vinieron a la cabeza (si es que las tuviste)?

Tuve miedo. En lugar de sentir alegría me sentí desprotegida. Es ese miedo que te dice: “Ya estoy recuperada y me han dejado de lado”. Te preguntas: “¿y ahora qué? ¿Qué pasará ahora?” Te vienen muchas dudas y temores de este tipo.

¿Has tenido o te ha quedado algún tipo de secuela física? ¿Estabas informada de esta posibilidad?

He tenido muchas secuelas. Cuando acabé la quimioterapia comencé a tener mal la vista y no sabían qué tenía. Tengo la baja por las secuelas y aún es el momento que me han de decir que todo esto que me pasa es de les secuelas.

Ahora veo mejor, pero me tuvieron que operar porque tenía problemas de tiroides. Resulta que la tiroides hizo anticuerpos y mi cuerpo los rechazaba. Este rechazo me afectó a la vista: es como si los ojos me explotaran, se salieran hacia fuera.

Estuve un año y medio así hasta que encontraron lo que me pasaba. Había un tratamiento, pero llegué tarde y no me hacía efecto. Después tuve malestar en el estómago y tuve que pasar a cirugía. Me operaron la vista, me sacaron los ojos, los limpiaron y los volvieron a poner en su sitio. La primera operación fue muy dura, estuve 9 meses viendo doble y poco a poco empecé a ver mejor. Me volvieron a operar por la visión doble. Para arreglar esto necesitaba hasta 5 cirugías.

Hasta ahora me han hecho 4. Actualmente, veo bien pero todavía no acaba de funcionar y me falta la última operación. Es muy angustioso porque produce mucho malestar y estoy cansada.

¿Has tenido alguna secuela emocional? ¿Estabas informada de esta posibilidad?

Somos humanos y hay momentos en que te hundes, porque luchas y luchas y no ves la luz. Siempre salen cosas y a veces sale la angustia y te dices: «soy humana, ya sé que debo ser fuerte, pero tengo derecho a encontrarme mal, a tener ganas de gritar». Hay momentos que pierdes las fuerzas. Me ha cambiado la vida, no puedo trabajar… también debemos tener derecho a decir: «hoy no puedo más». Es una lucha. Yo siempre digo que es un camino de espinas que tiene que pasar, y el mío, a veces, es una cuesta arriba. Pero estoy aquí y lo puedo contar.

Muchas personas que han superado un cáncer coinciden en que, después del cáncer, se produce una especie de «vacío» en muchos ámbitos. ¿Cuál es tu vivencia al respecto?

 Sí, hay un vacío porque piensas: «¿y ahora qué? ¿Qué pasará conmigo? » Tienes miedo, te sientes pequeña, limitada… No sabes si podrás volver a trabajar, te encuentras con personas que te dicen que te tienes que animar, trabajar … pero uno a veces no tiene fuerzas. Pasas de estar en una burbuja muy protegida y controlada a estar desprotegida, a ser una más. Y eso te produce muchas dudas del estilo: «¿sabré hacer bien las cosas?» He vivido una odisea y he tenido suerte de la familia que me ha apoyado.

Después del cáncer, hay toda una serie de necesidades físicas, emocionales y carencias en el ámbito social, financiero, laborales que ni las administraciones en general ni la sociedad contemplan. Según tu situación personal, ¿qué destacarías o con que te has tenido que afrontar?

He tenido que afrontar el miedo de decir que me encuentro mal, que no me veo capaz, por ejemplo, de ir a trabajar. Me preguntaba: «¿podré hacer tantas horas? ¿Qué podré hacer? ¿Qué no podré hacer? » Además, te encuentras con muchas trabas. Parece que uno haya provocado la enfermedad y que te hagan sentir culpable por no poder trabajar. Te encuentras con la angustia que lidiar con los médicos o con el ICAM.

Anímicamente me costó volver a sentirme yo misma, enfrentarme con la pareja, con el sexo… lo único que te encuentras son obstáculos. «Ya te has curado, pues hala, aire». Yo me he encontrado obstáculos con el ICAM. Es muy duro, pero siempre he tenido a mi pareja que me ha ayudado y hemos salido adelante.

¿Cómo fue tu proceso de regreso al trabajo después del cáncer? ¿Recibiste algún tipo de apoyo por parte de la empresa donde trabajabas?

 Para empezar, la empresa me llamó y me dijo que tenía que empezar a trabajar sí o sí. Yo trabajaba de cara al público, debía comenzar en Navidad y mi médico no lo aconsejaba.

Cuando pasas por este tipo de tratamiento, te bloqueas. La memoria queda en shock. Por ello, mi doctora pensaba que debía comenzar en otra época que no fuera tan estresante. En todo caso, cuando me incorporé, me sentí muy bien recibida por parte de mis compañeras. Por parte de la empresa no, porque no hizo ningún gesto de flexibilidad. Yo trabajaba 40 horas sí o sí. Al final de la jornada acababa agotada. Me costó mucho adaptarme. Lo superé gracias a mis compañeras. Si no podía coger peso, ellas me ayudaban. A la hora de ir al médico sí, la empresa no me ponía trabas (faltaría). Pero sólo el tiempo que tenía que ir y volver de nuevo.

Así estuve trabajando un año y medio. Después me tuvieron que operar de nuevo porque la prótesis del pecho se había quedado mal y, en este momento, yo no quería ir al médico por miedo a perder el trabajo. Los médicos me insistieron para hacer la operación y tuve que coger la baja.

La operación no funcionó y se alargó la baja. Ahí fue cuando la empresa me despidió enviándome un burofax. Entonces yo estaba más preocupada de haber perdido el trabajo que de mi salud y la operación.

Estaba muy triste, pero por suerte tuve una doctora que me ayudó mucho psicológicamente. No podía ir a trabajar, estaba toda abierta de arriba a abajo. Después de 18 meses de baja pasé por el tribunal médico para ver cómo estaba y, a raíz de los ojos y de la mama, me dijeron que esperara a ver si me daban la invalidez. Entonces ya me dieron la incapacidad. Cada dos años te han de revisar.

¿Has tenido dificultades a la hora de pedir algún tipo de seguro o producto financiero?

 Te rechazan. Ya no lo intento. Al principio probé en una mutua y me dijo que entraban mis hijos y mi marido, pero yo no. Y si vas a hacer un seguro también, más de lo mismo. Te echan atrás. Somos como la peste, es muy triste, pero es la realidad. No te quieren en ninguna parte.

 ¿Crees que las instituciones dedican los mismos esfuerzos tanto para abordar los tratamientos contra el cáncer como para solucionar las dificultades sociales que hay después del cáncer? ¿O crees que hay un vacío en este último aspecto?

 Siempre pienso que se debe hacer más. Cada vez hay más cánceres que se curan y con el cáncer de mama pasa lo mismo. Te dicen: «esto no es nada, eso ahora se cura». Y las instituciones no ayudan mucho después del cáncer. Necesitamos más apoyo por parte de las instituciones. Si no trabajo es porque no puedo, no porque no quiera. Te encuentras con muchos problemas, sobre todo muchos problemas burocráticos. No te dan oportunidades ni soluciones. Y tú ves cómo te vas quedando sin salud, sin economía… y como te cierran las puertas. He vivido una situación angustiosa, yo he salido adelante, pero pienso que hay gente que no tiene para vivir.

¿Cuál es tu punto de vista general sobre la situación social en que se encuentran las personas después de un cáncer y qué aspectos se tienen que resolver todavía.

Con el cáncer pierdes algunas cosas y ganas otras. También hay cosas buenas como, por ejemplo, el hecho de vivir la vida de otra manera, con otra ilusión de hacer cosas, de ayudar … He perdido, pero he ganado. Hay asociaciones que ayudan y ahora tengo la opción de dar mi apoyo a otra compañera. Con las asociaciones te sientes protegida, porque te dan mucho apoyo, y entre nosotros también.

 ¿Cómo se afronta la vida tras superar un cáncer?

 Soy otra persona. Aunque acabas volviendo a la realidad, particularmente vives de otra manera. Cualquier cosa me hace ilusión y pienso que la salud es lo más importante de todo. Cualquier cosa te hace feliz y valoras más tu alrededor. Hago las cosas que me apetecen, disfruto de todo y vivo el momento.

Pienso que debemos ser felices y vivir el momento. El cáncer es un camino de espinas, pero se debe superar y luego a vivir que son dos días. Cuando lo pasas, tienes que volver a caminar y a veces es una cuesta arriba. Pero, sobre todo, cuando te quitas la peluca y te quitas el disfraz, es cuando empiezas a remontar. Peluca fuera y a vivir. Adelante y a respirar.

 

 

 

 

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