Autocuidado del cabello después del tratamiento oncológico

El cabello, las cejas y las pestañas forman parte de la imagen personal y están relacionados con el bienestar emocional y la percepción de la identidad propia. Por ello, los cambios durante un proceso oncológico no solo tienen un impacto físico, sino también emocional, y pueden afectar a la autoestima, la imagen corporal y la calidad de vida.

Determinados tratamientos contra el cáncer, como la quimioterapia, la radioterapia o el tratamiento hormonal, pueden afectar al folículo piloso. Esto sucede porque la quimioterapia actúa sobre células de crecimiento rápido (como las células tumorales) pero también sobre otras células sanas con una elevada tasa de crecimiento, como las del cuero cabelludo, cejas, pestañas y vello corporal. Los inhibidores hormonales o la terapia hormonal actúan debilitando el cabello, ya que los cambios hormonales pueden alterar los procesos normales del ciclo de crecimiento. El tratamiento de radioterapia local puede provocar atrofia local del folículo en la zona irradiada, según la intensidad y la dosis del tratamiento. Como consecuencia, pueden aparecer alteraciones en el cabello, las cejas, las pestañas y el cuero cabelludo tanto durante como después de finalizar el tratamiento.

Cambios en el cabello, las cejas y las pestañas después de los tratamientos oncológicos

Después de finalizar los tratamientos oncológicos, es frecuente que los pacientes experimenten diferentes cambios en el cabello, el cuero cabelludo y otras zonas pilosas. Estas alteraciones forman parte del proceso de recuperación y pueden variar en intensidad y duración según el tratamiento recibido, las dosis y las características de cada persona.

En general, el cabello puede empezar a crecer poco después de finalizar el tratamiento, aunque el proceso de recuperación y crecimiento completo puede prolongarse entre 3 y 5 meses o más, según cada persona. Además, puede presentar características diferentes a las previas:

  • Cambios en la textura: el nuevo cabello puede crecer más fino y frágil, aunque en algunos casos también puede aparecer más grueso o con una estructura diferente. Es habitual que el cabello cambie temporalmente de forma, volviéndose más rizado, ondulado o, por el contrario, más liso de lo habitual.
  • Cambios en el color o la densidad: algunas personas observan variaciones en el color del cabello, que puede crecer más claro, más oscuro o con tonalidades diferentes a las previas. También puede aparecer una menor densidad capilar o zonas en las que el cabello tarda más en recuperarse, especialmente durante los primeros meses.
  • Crecimiento desigual o más lento: durante la recuperación es frecuente que el cabello no crezca de manera uniforme en todas las zonas del cuero cabelludo. Algunas áreas pueden presentar un crecimiento más rápido que otras, dando lugar a diferencias de longitud o a una sensación inicial de menor volumen capilar.

Además del cabello, el cuero cabelludo también puede verse afectado después de los tratamientos oncológicos.

Algunas personas pueden presentar:

  • Sequedad o descamación debido a la acumulación de células muertas.
  • Mayor sensibilidad, irritación o molestias cutáneas.
  • Sensación de tirantez o incomodidad en determinadas zonas del cuero cabelludo.

Por otro lado, las cejas y las pestañas también pueden sufrir modificaciones durante este proceso:

  • Pérdida temporal o disminución de la densidad.
  • Crecimiento progresivo, con posibles cambios en el grosor, la textura o la dirección.
  • Impacto estético y funcional, que puede afectar principalmente a la expresión facial y a la protección ocular.

En general, estos cambios son temporales y tienden a mejorar de manera progresiva, aunque en algunos casos pueden persistir durante más tiempo.

 

Rutinas de autocuidado y recomendaciones

Adoptar hábitos de cuidado suaves y adaptados al nuevo estado del cabello y del cuero cabelludo, evitando fricciones intensas o prácticas que puedan debilitarlos o irritarlos, puede contribuir a mejorar el confort y favorecer la recuperación capilar durante esta etapa.

 

Cuidados básicos del cuero cabelludo

Durante los primeros meses, el nuevo cabello suele ser más delicado y sensible, por lo que es recomendable mantener rutinas de higiene suaves y evitar agresiones innecesarias.

  • Uso de champús suaves y productos formulados para piel sensible, como champú para bebés o productos dermatológicos específicos.
  • Aplicación de lociones o aceites hidratantes específicos para ayudar a reducir la sequedad.
  • Lavar con agua tibia y secar con cuidado, preferiblemente dando pequeños toques con una toalla de microfibra.
  • Cepillarse el cabello con suavidad, utilizando un peine o cepillo de púas suaves.

A medida que el cabello vuelva a crecer, es importante protegerlo, ya que en las fases iniciales suele ser más frágil.

  • Evitar tintes o decoloraciones, ya que pueden dañar el cabello y, además, pueden no ser compatibles con algunos tratamientos farmacológicos que se estén tomando. Es preferible consultarlo con el oncólogo o el médico de referencia antes de hacerlo.
  • Minimizar el uso de secadores, planchas o herramientas de calor.
  • Evitar peinados muy tirantes, como trenzas o coletas ajustadas, así como accesorios que ejerzan presión continuada sobre el cuero cabelludo, por ejemplo, auriculares de diadema.
  • Proteger el cuero cabelludo frente a la exposición solar, mediante gorras, pañuelos o productos de cuidado capilar con fotoprotección.

 

Cuidado de cejas y pestañas

Las cejas y las pestañas también requieren cuidados específicos durante el proceso de recuperación. Por ello, se recomienda:

  • Priorizar maquillajes y desmaquillantes suaves, evitando especialmente los productos waterproof o de difícil retirada, ya que pueden resultar más agresivos para la piel y las pestañas.
  • Evitar productos irritantes en la zona ocular.
  • Consultar con un profesional médico antes de utilizar productos específicos, como sérums o productos que estimulen el crecimiento.

Además de los cuidados locales, algunos hábitos generales pueden favorecer una recuperación saludable:

  • Mantener una buena alimentación e hidratación.
  • Realizar masajes suaves en el cuero cabelludo para estimular la zona.
  • Respetar los tiempos naturales de recuperación, entendiendo que el proceso puede variar entre personas.

Cuidado del cabello, de las cejas y de las pestañas después de un tratamiento oncológico

 

Valor emocional del autocuidado

El cuidado del cabello no solo tiene una importancia física, sino también un importante componente emocional. Después de un proceso oncológico, la percepción corporal puede verse alterada, afectando a la autoestima y la confianza. En este contexto, el autocuidado puede favorecer una vivencia más positiva del proceso de recuperación.

Entre los beneficios más relevantes destacan:

  • Mejora de la autoestima: recuperar progresivamente rutinas de cuidado personal, observar el crecimiento del cabello o aprender a cuidar las cejas y las pestañas puede ayudar a muchas personas a sentirse más cómodas con su imagen personal. En algunos casos, recursos de estética oncológica como la micropigmentación también pueden contribuir a mejorar la percepción de la imagen corporal y la autoestima.
  • Mayor sensación de control durante la recuperación: mantener hábitos de autocuidado puede aportar una sensación de participación en el proceso de recuperación y contribuir al bienestar emocional después de esta etapa. Además, incorporar estrategias de gestión del estrés puede ayudar a afrontar mejor los cambios físicos y emocionales asociados al proceso oncológico.
  • Adaptación a la nueva imagen: el proceso de recuperación capilar puede ayudar a algunas personas a reconectar con su imagen previa al tratamiento y, en otros casos, a adaptarse de manera más positiva a una nueva imagen personal cuando determinados cambios persisten con el tiempo.

Además, el apoyo emocional es clave en esta etapa. El acompañamiento por parte de profesionales sanitarios, especialmente en el ámbito de la psicooncología, así como compartir experiencias con otras personas que han vivido procesos similares, puede contribuir a mejorar el afrontamiento emocional y el bienestar psicológico.

Referencias

  1. Freites-Martinez A, et al. Hair disorders in cancer survivors. J Am Acad Dermatol. 2019;80(5):1199-1213.
  2. Wikramanayake TC, et al. Prevention and treatment of chemotherapy-induced alopecia: What is available and what is coming? Curr Oncol. 2023;30(4):3609–3626.
  3. Watanabe T, et al. A multicenter survey of temporal changes in chemotherapy-induced hair loss in breast cancer patients. PLoS One. 2019;14(1):e0208118.
  4. Hair loss (Alopecia) and cancer treatment – National cancer institute
  5. Hair Loss and Your Cancer Treatment – Memorial Sloan Kettering Cancer Center
  6. Hair loss – American Cancer Society
  7. Hair loss after chemotherapy: 10 things to know – Cancer UT MD Anderson
  8. Coping with hair loss and thinning – Cancer Research UK
  9. Hair regrowth after cancer treatment – MacMillan Cancer Support
  10. Freites-Martinez A, et al. Hair disorders in patients with cancer. J Am Acad Dermatol. 2019;80(5):1179-1196.

 

Cómo prepararse para la vuelta al trabajo

Casi la mitad de los diagnósticos de cáncer corresponden a personas que se encuentran en edad laboral. En algunas de las personas que lo padecen, esta patología y su tratamiento tienen consecuencias que las incapacitan temporalmente para poder desarrollar sus funciones. La ley estipula que la duración máxima de incapacidad temporal es de 12 meses y 6 meses más de prórroga.

Es conveniente informarse acerca de la legislación vigente al respecto, que proporciona amparo en situaciones de irregularidad o discriminación laboral. Después de la incapacidad temporal, existe la posibilidad de solicitar a los Servicios de prevención laboral una readaptación de tu puesto de trabajo (si ahora no puedes realizar tu actividad laboral en las mismas condiciones que antes), solicitar una incapacidad permanente y el certificado de discapacidad.

La incapacidad permanente es el reconocimiento oficial de la situación de una persona trabajadora que presenta reducciones anatómicas o funcionales que disminuyen o anulan su capacidad laboral de manera previsiblemente definitiva y que le limitan en la realización, al menos, del 33% de sus tareas habituales. Para la solicitud de incapacidad laboral, en Cataluña, se puede acudir al ICAM (Institut Català d’Avaluacions Mèdiques SGAM), el cual hará una propuesta al INSS sobre su grado de  incapacidad.

Hay diferentes grados de incapacidad permanente, según los impedimentos que tenga la persona a la hora de desarrollar la actividad laboral.

  • Incapacidad permanente parcial: Las secuelas de una enfermedad o accidente provocan una disminución no inferior al 33% en el rendimiento laboral habitual y por lo tanto no inhabilita completamente a la persona para realizar el trabajo habitual.
  • Incapacidad permanente total: La situación de la persona trabajadora le impide dedicarse a su profesión habitual, pero no le inhabilita para dedicarse a otras actividades laborables.
  • Incapacidad permanente absoluta: La situación de la persona trabajadora le inhabilita por completo para cualquier profesión u oficio.
  • Gran invalidez: La persona afectada por una incapacidad permanente necesita asistencia de otra persona para los actos más esenciales de la vida.

Las normas para la aplicación y desarrollo de las prestaciones por invalidez están recogidas en la Ley de la Seguridad Social. Para compensar la pérdida de ingresos, están previstas una serie de prestaciones que dependerán de diferentes factores, como las cotizaciones previas a la Seguridad Social, el estado de salud, la profesión que se ejerza y la situación laboral en el momento.

En el caso de que haya pérdidas de capacidades que afecten a la realización de las actividades cotidianas, de forma complementaria o independiente a la solicitud de incapacidad permanente, se puede pedir una valoración para reconocer el grado de discapacidad. Esta valoración se puede solicitar en la dirección general de protección social o las oficinas de asuntos sociales y familiares, entre otros.

Para obtener el reconocimiento de discapacidad, es necesario hacer una solicitud, y a continuación concertar una cita de valoración o presentar un informe que justifique la discapacidad. La cita la realiza la propia administración, y es un proceso establecido y requiere siempre la valoración y entrevista por parte de su equipo de valoración.

En caso de que solo se haya obtenido la incapacidad o discapacidad o bien ninguna de las dos,  y la persona esté en activo, el Servicio de prevención de riesgos laborales debe hacer su propia valoración en relación a las condiciones de trabajo de la persona y de sus tareas laborales.

Toma de decisión

Después del cáncer, muchas personas desean regresar a las rutinas y actividades que desarrollaban antes de la enfermedad, incluido el trabajo, lo que les permite ir distanciándose día a día de ella. La reincorporación a la vida laboral puede resultar beneficiosa tanto en términos económicos, como desde el punto de vista social y emocional. De todas formas, la vuelta al trabajo no debe responder a presiones sociales y familiares, sino que es imprescindible que se trate de una decisión autónoma y tomada de forma reflexiva.

Es normal que las personas necesiten un tiempo para recuperarse tanto física como emocionalmente. Una vez se ha tomado la decisión de regresar al trabajo, es frecuente que surjan los típicos miedos e incertidumbres derivadas de volver a encontrarte con tus compañeros de trabajo, el jefe y de no saber si será posible rendir al mismo nivel que antes.

Planificación de la vuelta al trabajo

Es importante tener una reunión con el responsable de la empresa antes de incorporarse, de forma que se detallen el momento adecuado para la vuelta, el régimen de trabajo, horario, funciones, etc.

Esta reunión debe servir para conocer las secuelas físicas y emocionales que la persona que ha superado el cáncer y de las que aún no ha conseguido recuperarse. Esta revisión se realiza con el Servicio de prevención de riesgos laborales y en base a la ley de prevención de riesgos laborales.

La ley establece como obligación empresarial y principio preventivo que se ha de adaptar el trabajo a las personas, y no al revés (artículo 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales). Para las personas declaradas de especial sensibilidad, esta ley obliga a las empresas a hacer una valoración del puesto de trabajo en base a las necesidades provocadas por la patología que ha provocado la baja o si se pueden producir nuevos riesgos laborales, con tal de adaptar el lugar de trabajo o realizar una recolocación en caso de ser necesario.

Esta valoración debe conllevar la propuesta de alternativas para que el empresario tome las decisiones y determine si hace:

  • Restricción de tareas
  • Reorganización del trabajo
  • Modificación o cambio del lugar de trabajo
  • Despido objetivo en caso de que la empresa no pueda ofrecer otra alternativa

Si son necesarias medidas para adaptar el lugar de trabajo, éstas deben planificarse y constar por escrito con el objetivo de poder aplicarse. En caso de que no se requieran medidas adicionales, el lugar de trabajo permanecerá en las mismas condiciones.

Reincorporación

Los primeros días de trabajo pueden generar cierta ansiedad, al no saber cómo reaccionarán los compañeros de trabajo, si cambiará o no la relación con ellos como consecuencia de la enfermedad, o, simplemente, por encontrarse en un nuevo entorno, diferente al de los últimos meses.

Se debe tener presente que la reacción de los compañeros de trabajo puede variar. Algunas personas pueden resultar un gran apoyo, mientras que otras no sepan, quizás, cómo ofrecer ayuda, y su relación con ellos sea un poco más distante de lo que era antes. En estos últimos casos, se debe tener paciencia y tratar de entender sus temores para poder recuperar su buena relación. Ante la reincorporación, la figura de un responsable o referente ya sea un mando intermedio de la empresa o del Servicio de prevención de riesgos laborales puede ser de gran ayuda.

Algunos consejos para la vuelta al trabajo podrían ser:

  • Aceptar ayuda. De esta manera se recibirá el apoyo que se necesita y los demás se sentirán útiles ayudando.
  • Hablar con los demás. Tratar de acercarse a esas personas que se encuentran un poco más reticentes a relacionarse tras la vuelta puede reportar beneficios a ambos, además de recuperar relaciones tras el cáncer.
  • Abordar los problemas que surgen desde el principio. Si surgiera algún problema relacionado con sus funciones, se deben abordar en cuanto pueda, para que no llegue a crear malestar o ansiedad.
  • Tratar de mantener los contactos durante la enfermedad. La vuelta al trabajo se hará más fácil si no se ha perdido la relación con los compañeros de trabajo.
  • Pensar cómo responder cuando le pregunten por su cáncer. La respuesta a este tipo de preguntas es muy personal, y depende de la forma que cada persona tiene de afrontar la enfermedad. Algunas personas prefieren que sus compañeros se olviden cuanto antes de su cáncer, y otras son muy abiertas al respecto, comentando sus inquietudes para alinearse con sus compañeros de trabajo.
  • Tener comunicación fluida y abordar las dificultades que puedan ir surgiendo con el responsable o referente designado por la empresa para hacer seguimiento del proceso de incorporación.

Referencias

  1. Grupo Español de Pacientes con Cáncer. Todo lo que empieza cuando “termina” el cáncer.
  2. Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Vuelta al Trabajo.
  3. S Department of Health and Human Services. Siga Adelante.
  4. American Society of Clinical Oncology (ASCO). Regresar al Trabajo después del Cáncer.
  5. Instituto Nacional del cáncer. Regreso al Trabajo.
  6. Federació Catalana d’Entitats contra el Càncer (FECEC). Reprèn, servei d’orientació laboral després del càncer.
  7. Generalitat de Catalunya, Departament de treball, afers socials i famílies. Persones amb discapacitat.