El linfoma de Hodgkin y el riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo

El linfoma de Hodgkin

El 15 de septiembre se celebró el Día Mundial del Linfoma, una jornada para dar a conocer y crear consciencia sobre esta dolencia. Los linfomas son el tipo más habitual de cáncer hematológico y se calcula que en España se diagnostican unos 7.000 nuevos casos cada año. Tradicionalmente, los linfomas se pueden dividir en dos grandes grupos con tratamientos y pronósticos diferentes: los de tipo Hodgkin y los de tipo No Hodgkin; siendo el tipo de linfocitos que se ve afectado en cada uno, la principal diferencia entre ellos.

 

Así pues, el linfoma de Hodgkin es un tipo de cáncer que se origina en los glóbulos blancos -los llamados linfocitos– que pasan a reproducirse de manera descontrolada y a prolongar su vida de manera anormal. Afortunadamente, si se siguen los tratamientos adecuados y si no existen factores adversos, la probabilidad de curación de estos pacientes es superior al 80 %. Esta perspectiva favorable es la que, a su vez, también puede dar pie a que se presenten otro tipo de complicaciones a largo plazo.

 

¿Qué efectos sobre la salud cardiovascular pueden tener los tratamientos para el linfoma de Hodgkin?

Como es común en casi todos los tratamientos oncológicos, la terapia para el linfoma de Hodgkin puede conllevar una serie de secuelas fisiológicas de carácter tardío. Entre estas, encontramos las que podrían generar cierta propensión a desarrollar enfermedades cardiovasculares, que son el conjunto de trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos.

 

Esto es debido a que el corazón es un órgano especialmente sensible al tratamiento oncológico, ya que los tratamientos como la radiología y los fármacos de algunas quimioterapias pueden dañar específicamente a sus células. Por ese mismo motivo, es por lo que las personas que han pasado por un tratamiento contra el linfoma de Hodgkin tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares al cabo del tiempo.

 

En ese sentido, en 2015 se publicó un estudio hecho con el seguimiento de 2500 personas que habían superado el tratamiento contra el linfoma de Hodgkin, en donde se describieron problemas cardiovasculares en un alto porcentaje de ellos, después de 20 años de media tras el tratamiento. Estas dolencias pueden comprender desde enfermedades coronarias como infartos de miocardio y anginas de pecho, hasta enfermedades de las válvulas del corazón e insuficiencias cardíacas.

 

El lado positivo de conocer que existe la posibilidad de que aparezcan estás enfermedades es que permite a pacientes y especialistas intentar anticipar y prevenir las consecuencias cardiovasculares que podrían surgir tras el tratamiento oncológico.

 

¿Qué podemos hacer para prevenir riesgos cardiovasculares?

La prevención y el abordaje temprano de las personas que presentan uno o varios factores de riesgo para sufrir enfermedades cardiovasculares es fundamental para evitar ese tipo de dolencias. Obviamente, no se puede revertir el efecto de los tratamientos que hayan sido necesarios para tratar el linfoma, pero sí se puede tratar de eliminar o controlar otros factores de riesgo como el consumo de tabaco, los malos hábitos alimenticios, la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes o los niveles altos de colesterol. En definitiva, un estilo de vida saludable puede ayudar a mitigar los efectos secundarios sobre el corazón de los tratamientos oncológicos.

 

 

En el caso de los hábitos de alimentación saludables, que tienen un rol importante en los procesos de recuperación tras un tratamiento oncológico, aparte de poner atención al tipo de dieta y a la cantidad de las ingestas, se debe respetar también que el número de comidas diarias y el tiempo que se invierte en cada una de ellas sean adecuados. A modo de ejemplo, un desayuno correcto -desayunar cada día e invertir una cantidad de tiempo suficiente para ello- es un hábito de vida saludable que puede jugar un papel muy importante en la salud cardiovascular. En ese sentido, un estudio reciente ha descrito que las personas cuyo desayuno supone menos del 5% de la ingesta total de calorías diarias, presentan duplicado el riesgo de padecer lesiones ateroscleróticas, independientemente de la presencia de otros factores de riesgo tradicionales para las enfermedades cardiovasculares.

 

En definitiva, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares puede ser una consecuencia no deseable del tratamiento contra el linfoma de Hodgkin, que se presente al cabo de los años. Sin embargo, conocer esta posibilidad también otorga la oportunidad de intentar disminuir la posibilidad de que estos efectos ocurran, si se corrigen y adoptan a tiempo unos hábitos de vida saludables que también pueden tener un impacto positivo en otros aspectos de la salud.


Referencias

Fundació Carreras – Dia Mundial del Limfoma

Medline Plus – Limfoma de Hodgkin

Cancer.org – Diagnòstic del Limfoma de Hodgkin

Societat Espanyola de Cardiologia – El tractament oncològic triplica el risc de complicacions cardiovasculars

Fundació Espanyola del Cor – Quimioteràpia i cor, com es relacionen?

Fundació Espanyola del Cor – L’esmorzar clau per a la salut cardiovascular

van Nimwegen FA et al. JAMA Intern Med. 2015; 175 (6): 1007-1017 – Cardiovascular Disease After Hodgkin Lymphoma Treatment40-Year Disease Risk (anglès)

Organització Mundial de la Salut – Alimentació sana

Uzhova I, et al. J Am Coll Cardiol. 2017 octubre 10; 70 (15): 1833-1842 – The Importance of Breakfast in Atherosclerosis Disease. Insights From the PESA Study. (Anglès)

Consejos para mantenerse activo: actividad física moderada

Como ya hemos comentado en artículos anteriores la actividad física tiene una importancia fundamental en la adquisición de unos hábitos de vida saludables. Hay una gran cantidad de estudios que han demostrado una asociación entre el ejercicio habitual y un menor riesgo de efectos secundarios después del cáncer, así como tasas de recaída más bajas y una mejor supervivencia global.

La mejor manera de empezar es con actividades físicas de baja intensidad, pero con el paso de tiempo es posible que se quiera aumentar la dificultad y la duración de estos ejercicios o incluir nuevas actividades, especialmente en aquellas personas que tenían un perfil muy activo antes del cáncer.

Es fundamental hablar con el médico o fisioterapeuta sobre el tipo de ejercicio que se está considerando, para asegurar que será seguro en cada caso.

Beneficios de practicar ejercicio moderado

Se han realizado diversos estudios con personas que han superado el cáncer de mama, colorrectal, de próstata y de ovario donde se observa que las personas con niveles superiores de actividad física después de superar un cáncer tenían tendencia a vivir más tiempo, así como una probabilidad más baja de recaída.

El ejercicio moderado se asocia a algunos beneficios como mejoras significativas en la función cardiopulmonar (aptitud aeróbica), en la flexibilidad, fuerza y ​​la calidad de vida. Además, parece que el ejercicio moderado puede proteger contra la osteoporosis (adelgazamiento de los huesos).

La osteoporosis es una preocupación para muchas mujeres menopáusicas que han tenido cánceres dependientes de hormonas y, por tanto, no pueden tomar la terapia de reemplazo hormonal. Se ha observado que hacer ejercicio moderado ayuda a preservar la densidad mineral ósea, incluso cuando ya se habían prescrito bifosfonatos, calcio y vitamina D.

La fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más angustiantes sufridos por los pacientes durante y después de la terapia contra el cáncer. Se ha demostrado que los programas de ejercicios supervisados ​​reducen la fatiga relacionada con el cáncer en las personas que han superado un cáncer de mama.

Muchas personas pierden músculo y ganan grasa durante el tratamiento contra el cáncer. En este sentido, con la actividad física moderada puede reducir el peso, mejorar el índice de masa magra, la densidad mineral ósea, y la fuerza muscular. Esta mejora en la composición corporal (grasas, huesos y músculos) aparte de aumentar la aptitud física también puede tener un efecto psicológico positivo en mejorar la autoestima y la imagen corporal. La actividad física moderada también tiene un efecto psicológico positivo reduciendo la ansiedad y la depresión.

¿Qué entendemos por ejercicios de intensidad media?

Una manera fácil de identificar un ejercicio de intensidad media sería mediante la intensidad de la respiración. Este es el caso de aquellas actividades con las que se puede notar que respiramos fuertemente, al igual que lo haríamos al caminar de manera rápida. De hecho, caminar es una buena actividad física moderada, como lo serían también los bailes de salón, remar (en canoa), practicar golf o jardinería.

Ejercicios de intensidad media recomendados

Idealmente, las personas que han superado un cáncer deberían combinar los ejercicios aeróbicos con el entrenamiento con pesas. Se puede aumentar la actividad física sin ir a un gimnasio, o incluso sin salir de la casa, basta con añadir más actividad física en la rutina diaria. Estas son algunas sugerencias:

  • Tomar las escaleras en lugar de subir en el ascensor.
  • Adquirir un podómetro (contador de pasos) y aumentar su cantidad de pasos diarios. Se pueden encontrar varias pulseras de actividad o aplicaciones para teléfonos móviles que realizan esta función.
  • Hacer frecuentes descansos durante todo el día para ponerse de pie, estirarse y hacer paseos cortos.
  • Hacer estiramientos para mantener los músculos y las articulaciones flexibles.

Por otro lado, alguien que iba al gimnasio antes del cáncer, es posible que tenga que disminuir la intensidad de los ejercicios durante un tiempo, aun así, se puede:

  • Realizar un ejercicio aeróbico que aumente la frecuencia cardíaca: caminatas rápidas (al aire libre o en una cinta), nadar o ir en bicicleta.
  • Hacer un entrenamiento de fuerza para tonificar los músculos: levantar pesas, trabajar con máquinas de ejercicios o bandas de resistencia.

Dependiendo del nivel de acondicionamiento físico y de confort es posible que algunas personas quieran comenzar con una caminata de 10 minutos; otros pueden encontrar que pueden ejercer durante 20 minutos (o más) de inmediato. El objetivo debería ser por lo menos 30 minutos de ejercicio aeróbico cinco días a la semana o más, hasta las 3 horas de actividad física semanales.

Se recomienda comenzar lentamente. Si es nuevo a la hora de hacer ejercicio, aumente lentamente la duración y la intensidad de la actividad física. Es importante tener cuidado: si se intenta hacer demasiado esfuerzo, es posible desanimarse y dejar de ejercitarse completamente.

¿Qué pasa si estamos demasiado agotados para hacer ejercicio?

A veces la fatiga puede ser tan fuerte que es bueno descansar temporalmente. Reposar por un tiempo, empezar de nuevo lentamente y reponerse. Así el nivel de energía aumentará a largo plazo. Estos son algunas sugerencias adicionales:

  • Si no se tiene la energía para ejercerse durante media hora completa, repartirla: haga tres caminatas de 10 minutos durante el día.
  • Hacer el ejercicio agradable: buscar un compañero de actividades o escuchar música mientras se utiliza la bicicleta o en la cinta de correr.
  • Beber mucha agua.
  • Considerar el yoga y el tai-chi; aunque no sean ejercicios aeróbicos integran el movimiento y la meditación y mejoran el bienestar.
  • Buscar programas diseñados para pacientes con cáncer. Algunas asociaciones de pacientes y hospitales ofrecen clases de ejercicios que responden a las necesidades de las personas que han superado un cáncer.
  • Escuche su cuerpo; no haga ejercicio si no se encuentra bien.

Consejos

Los riesgos de practicar ejercicio moderado para las personas que han superado un cáncer no son demasiado diferentes a los de la población general. Existe el riesgo de que se produzcan lesiones musculoesqueléticas (dolor, esguinces, etc.), por lo tanto, debería ser siempre un tipo de actividad sin sobreesfuerzos ni excesos. También se deben tener en cuenta algunas consideraciones: en las personas con anemia grave, el sistema inmunológico debilitado o que hayan recibido radioterapia.

Por estos y otros motivos siempre es recomendable tener un examen físico completo y obtener la aprobación de su oncólogo antes de comenzar un programa de ejercicio moderado a vigoroso. Por lo tanto, es muy recomendable para todas las personas que han superado un cáncer llevar a cabo un programa de ejercicios adecuado a su estado físico. Siempre que se dirijan los riesgos aquí comentados, la práctica de ejercicio moderado resulta muy beneficiosa, ya que ha demostrado aumentar la calidad de vida de las personas que han superado un cáncer, tanto a nivel físico como a nivel psicológico.

Para más información sobre actividades y talleres recordar que las entidades de la FECEC ofrecen un servicio que pone a disposición de las personas que han superado la enfermedad, un espacio de encuentro informal para la mejora de su bienestar.


Referencias

  1. Rock, C. L., Doyle, C., Demark-Wahnefried, W., Meyerhardt, J., Courneya, K. S., Schwartz, A. L., Bandera, E. V., Hamilton, K. K., Grant, B., McCullough, M., Byers, T. and Gansler, T. (2012), Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA: A Cancer Journal for Clinicians, 62: 242–274.
  2. Instituto Nacional del Cáncer. 2017. Actividad física y cáncer.
  3. Paul O’Neill. 2017. Exercise for Cancer Patients: Fitness after Treatment.

El papel de la dieta en la recuperación

No hay duda de que la alimentación juega un papel muy importante en la salud de las personas, pero ¿puede influir también en la evolución del cáncer?

Según algunos estudios observacionales, en los que se determina la asociación entre dos factores sin intervenir, los hábitos nutricionales pueden tener un impacto en la progresión del cáncer, el riesgo de recurrencia y la supervivencia global en personas que han tenido esta enfermedad. Por ejemplo, se ha descubierto que las dietas ricas en frutas y verduras, cereales integrales, carne blanca y pescado están asociadas con un mejor pronóstico a largo plazo, en comparación con aquellas que tienen un gran contenido de cereales refinados, carnes rojas y alimentos procesados.

¿En qué consiste una dieta equilibrada?

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), en base a las evidencias científicas acumuladas y con la colaboración de más de 100 expertos en alimentación y salud pública, actualizó a principios de este año sus guías alimentarias.

La última propuesta de pirámide nutricional, además de la frecuencia de consumo de cada grupo de alimentos, tiene en cuenta por primera vez aspectos como el equilibrio emocional, la actividad física o el consumo de agua.

¿Qué pautas se recomiendan a las personas que han tenido cáncer?

Adicionalmente, cabe mencionar algunas consideraciones particulares, que pueden resultar útiles a las personas que han tenido cáncer porque se asocian con una mejor calidad de vida o pronóstico a largo plazo.

Así pues, no es necesario seguir una dieta estricta, sino simplemente comer de forma variada, para poder obtener todos los nutrientes necesarios. También es muy recomendable tener en consideración los procesos de producción y venta de alimentos, intentando que sean justos y sostenibles en la medida de lo posible. Además, la guía nutricional de la SENC también prioriza el uso de productos frescos y de temporada, los métodos de cocción como el vapor, y pone énfasis en la importancia de dedicar el tiempo suficiente a la compra de alimentos y la valoración de la información nutricional contenida en las etiquetas.

 


 

Referencias

Rock CL, Doyle C, Demark-Wahnefried W, Meyerhardt J, Courneya KS, Schwartz AL, Bandera EV, Hamilton KK, Grant B, McCullough M, Byers T, Gansler T. Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA Cancer J Clin. 2012 Jul-Aug;62(4):243-74.

Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) (2016). Guías alimentarias para la población española (SENC, diciembre 2016); la nueva pirámide de la alimentación saludable.

Organització Mundial de la Salut (OMS) (2017). Alimentación sana (nota de prensa).

¿Es recomendable hacer ejercicio después del tratamiento?

Históricamente, se tendía a recomendar reposo y contraindicar el ejercicio físico a aquellas personas con una enfermedad crónica, como el cáncer. No obstante, en los últimos años se han publicado numerosos estudios que demuestran que el ejercicio no sólo no es perjudicial, sino que incluso puede resultar beneficioso.

Beneficios del ejercicio físico

Exceptuando algunos casos puntuales en los que está contraindicado porque puede causar dolor o incluso empeorar los síntomas, en general la práctica de ejercicio físico leve o moderado resulta muy recomendable después del tratamiento contra el cáncer.

Se ha demostrado una asociación positiva entre el ejercicio físico regular y una mejora en la calidad de vida y los síntomas a largo plazo, tanto los causados por la enfermedad como los asociados al tratamiento. Específicamente, el ejercicio aeróbico y los entrenamientos de resistencia, como podrían ser caminar, correr o ir en bicicleta, han demostrado tener un impacto positivo en el estado cardiopulmonar, la fuerza muscular y el equilibrio y, a nivel psicológico, en el estrés, la fatiga, la depresión y la autoestima. Algunos artículos también apuntan incluso a un impacto positivo en el índice de recaídas y la supervivencia.

¿Está recomendado para mí?

A pesar de los múltiples beneficios del ejercicio físico, hay algunas cuestiones que se deben tener en cuenta a la hora de hacer deporte, ya que en algunos casos se recomienda tomar precauciones específicas:

Anemia. Las personas con anemia deberían posponer la práctica de ejercicio físico, más allá de las actividades que requiera el día a día, hasta que el médico lo considere oportuno.

Inmunodeficiencia. Debido a la mayor susceptibilidad de contraer determinados tipos de infecciones, es recomendable evitar gimnasios o piscinas públicas hasta que el recuento de leucocitos esté dentro de unos parámetros seguros.

Fatiga. En estos casos se puede ir introduciendo el ejercicio físico paulatinamente, empezando por intervalos cortos (por ejemplo, 10 minutos) de ejercicio de baja intensidad, como caminar.

Radioterapia. Se debería evitar exponer la piel irradiada al cloro, como el del agua de las piscinas.

Catéteres. Es recomendable evitar temporalmente la exposición al agua de mar, lagos, u otros ambientes con microorganismos que puedan propiciar la aparición de infecciones. Además, conviene no ejercitar los grupos musculares cercanos a la inserción del catéter, para que no se descoloque.

Neuropatías o ataxia. La debilidad o la pérdida de equilibrio pueden dificultar la realización de determinados ejercicios en las personas con afectación del sistema nervioso. Por ello, se recomienda hacer ejercicios estáticos que no requieran una gran coordinación, como la bicicleta estática reclinable.

¿Cómo puedo empezar?

Es muy importante no empezar ninguna rutina de ejercicio de forma repentina, ya que incluso las personas que eran muy activas antes del tratamiento pueden tardar tiempo en recuperar la forma física. Una buena idea sería comenzar con un ejercicio de baja intensidad, poco rato pero de forma regular: por ejemplo, caminar 10-15 minutos de tres a cinco veces por semana, e ir incrementando la duración y la intensidad gradualmente.

Así pues, hacer ejercicio físico es muy recomendable, pero siempre teniendo en cuenta las indicaciones del médico, introduciéndolo en el día a día de forma gradual, reconociendo las propias limitaciones y estando alerta para detectar si aparecen síntomas inusuales. La práctica del ejercicio aeróbico, como caminar, correr, bailar o ir en bicicleta, contribuye a mejorar la salud cardiovascular, facilitar la recuperación y mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer que han finalizado el tratamiento.

Referencias

Rock CL, Doyle C, Demark-Wahnefried W, Meyerhardt J, Courneya KS, Schwartz AL, Bandera EV, Hamilton KK, Grant B, McCullough M, Byers T, Gansler T. Nutrition and physical activity guidelines for cancer survivors. CA Cancer J Clin. 2012 Jul-Aug;62(4):243-74.

American Cancer Society (2014). Physical Activity and the Cancer Patient (web). 

Fong DY, Ho JW, Hui BP, Lee AM, Macfarlane DJ, Leung SS, Cerin E, Chan WY, Leung IP, Lam SH, Taylor AJ, Cheng KK. Physical activity for cancer survivors: meta-analysis of randomised controlled trials. BMJ. 2012 Jan 30;344:e70.