Neus Farreras

Cuando te dijeron que ya estabas recuperada, ¿Cuáles fueron las principales dudas o temores que te vinieron a la cabeza?

 Los principales dudas que tuve eran si podía continuar trabajando, si me darían la discapacidad, que dejaría de ganar, como viviría. Mi marido es autónomo y me preocupaba la situación económica. También sufres por si el cáncer volverá a aparecer o si podrás seguir haciendo una vida normal.

¿Has tenido alguna secuela física?

 Muchísimas. La mayoría causadas por los tratamientos con quimioterapia y radioterapia. Tengo secuelas en el estómago y también tengo los pulmones quemados desde la tráquea hasta el esófago. El estómago lo tengo muy delicado por los medicamentos y los dos tratamientos. Sufrí una lesión por la quimioterapia y tuve que estar ingresada porque no la toleraba. Fue una reacción alérgica muy fuerte.

¿Cómo fue tu proceso de reinserción laboral después del cáncer?

 Yo trabajaba en la cafetería de un hospital. Tengo un linfedema en el brazo que me impide levantarlo, coger peso etc. En el trabajo me dijeron me que no me podían reubicar en ningún otro lugar y que me solicitarían la incapacidad. Me hicieron todos los trámites y al cabo de un mes ya tenía la carta certificada conforme me daban la incapacidad total. Esto suponía el 55% de mi base reguladora.

Todo esto ocurrió después de que estuviera un año de baja y al cabo de 18 meses en la mutua me valoraron y la doctora me concedió la incapacidad.

Me hubiera gustado más que me hubieran reubicado. Llevaba trabajando en el hospital desde hacía 22 años y estaba muy a gusto. Añoro el trabajo y el trato con la gente. Pero allí tenías que hacer de todo y yo no podía. Ahora cobro 700 euros sin contar los gastos que suponen la inyección de Zoladex® o el tratamiento para las hormonas. 700 euros es poco pero vamos pasando.

En este sentido, ¿Sientes que recibiste apoyo por parte de la empresa donde trabajabas?

 Sí, tuve mucho apoyo de mis compañeros. Recuerdo que, cuando me detectaron el cáncer, estaba trabajando allí. Me picaba mucho el pecho y me pinchaba. Tenía un mal presentimiento por mis antecedentes familiares (dos muertes por cáncer de pecho). Me hice una mamografía y salió negativa. El médico me dijo que era un cáncer malo. Cuando llegué a la cafetería lo comenté a mis compañeros y tuve todo su apoyo. Cogí la baja porque me tenían que hacer muchas pruebas (biopsia, punciones etc). La empresa en seguida me hizo todos los papeles de la baja y todos los trámites. Estuve en esta situación hasta el máximo, que son 2 años (después pasas a trabajar o te dan la discapacidad).

¿Has tenido dificultades a la hora de pedir algún tipo de seguro o productos financieros?

 No me he atrevido a decir nada a la aseguradora porque si dices algo no te pueden asegurar. Yo de momento pago pero no digo nada por miedo. Si me hubieran dado la incapacidad absoluta si que hubiera cobrado pero al ser la total no te dan ninguna pensión ni indemnización.

¿Crees que las instituciones dedican los mismos esfuerzos tanto para abordar los tratamientos contra el cáncer como para solucionar las dificultades sociales que hay después del cáncer? ¿O crees que hay un vacío en este último aspecto?

 Me parece que hay un vacío. Si no fuera por las asociaciones apenas dispondríamos de información ni de nada. Los médicos te visitan, eso sí, y te hacen las pruebas que hagan falta pero nada más. Para que te hagas una idea, yo estoy en Tortosa y para ir a la psicóloga tenemos que desplazarnos a Reus.

Por suerte hay una asociación que nos ayuda con ejercicios para mejorar el tema del linfedema pero dentro del ámbito institucional no hay nada de esto. Para las secuelas que me quedan sólo puedes acceder a 12 sesiones de la seguridad social y una vez acabas estas sesiones, ya está. Lo pasas mal.

Cuál es tu punto de vista general sobre la situación social en que se encuentran las personas después de un cáncer y qué aspectos crees aún deben resolverse.

 Esta bien curar el cáncer pero después del cáncer hay muchas secuelas y estás dejado de la mano de dios. Por ejemplo, cada mes me pongo una inyección que me marea mucho y me cuesta mucho recuperarme.

Debería haber una atención más personalizada por el tema de las secuelas que te quedan después del cáncer. Podrían ponerte al alcance un profesional de la fisioterapia que te diera consejos por el tema del linfedema o que te pudiera visitar una vez al mes o cada 15 días o que te pusieran al alcance un servicios de drenaje linfático.

Por parte de la seguridad social sólo te entra un número concreto de sesiones pero no hay un fisioterapeuta por ello. Te tienes que espabilar a través de las entidades. Si no fuera por ellas, repito, por las asociaciones, estaríamos desamparados. La “lliga de Tarragona i les Terres del Ebre”, por ejemplo, también nos ofrece clases de yoga. Encuentro que la Seguridad Social podría incluir el yoga para las personas después del cáncer. Nos va muy bien.

¿Cómo se afronta la vida tras superar un cáncer?

 La vida se afronta al 100%. Es una lástima que tengas que valorar todo lo que tienes cuando has estado al límite o después de una enfermedad grave. Dentro mis posibilidades, intento vivir, cuando me encuentro bien. Cuando vas a hacerte los análisis y pasas la «ITV», los médicos te dicen «vuelve de aquí 3 meses» y yo después pienso: «tengo 3 meses más para vivir».

Valores las pequeñas cosas: Ir a tomar un café con las amigas, abrir la ventana y respirar el aire, ir de excursión. Porque siempre tienes la incertidumbre de si el cáncer se volverá a despertar.

Hace dos semanas me hicieron unos análisis genéticos y han dado positivos, esto quiere decir que tengo el cáncer latente. Y me quitarán los ovarios. Cuando tienes antecedentes familiares, en mi caso abuela y tía de parte de padre, lo miran mucho. Tengo el cáncer por genética y es uno de los más malos que se puede volver a los ovarios, pecho y páncreas. Me quitarán los ovarios y el otro pecho pero hoy en día para el páncreas no hay nada. Y por eso vives con el temor y respeto pensando «¿Me volverá a pasar?».

Y por eso, también, valoras cualquier cosa.

Laura Sancho

 

Uno de los principales temores que tuve cuando me dijeron que ya estaba recuperada fue el de volver a recaer. Acabas la quimioterapia y la radioterapia (unos tratamientos muy heavys) y, cuando aún te estás recuperando, no te aseguran que ya estés curada del todo.

 

Estuve tomando tamoxifeno durante 5 años y es muy duro, aun sabiendo que cuanto más tiempo pasa, más juega a tu favor la vida. Con todo, la supervivencia del cáncer de mama es a partir de los 10 años, a diferencia de los otros tipos de cánceres que es a partir de los 5 años. Por eso tenía ese temor de volver a recaer. Ahora, sin embargo, ya han pasado 10 años.

 

Te dicen que tienes que tomar la enfermedad con mucho ánimo, pero yo caí en una depresión y ansiedad importantes. Me hundí. Tomaba ansiolíticos y sentía que estaba en un pozo profundo, muy profundo. Vivía en otra dimensión.

 

Al cabo de unos meses salí de este pozo gracias a la ayuda psicológica y, sobre todo, gracias a quien yo llamo «los sherpas». Son personas cercanas que están a tu lado, que te ayudan y que son determinantes en tu día a día. Tuve apoyo de amistades cercanas que me animaban y, especialmente, un amigo mío que es psicólogo y que estuvo al pie del cañón.

 

Debido al tratamiento, he tenido secuelas físicas. Por ejemplo, cuando me levanto soy como una especie de Robocop hasta que el cuerpo no se calienta. Me duelen las articulaciones y todas las mucosas de la parte derecha (la zona del pecho afectado que me irradiaron).

 

Siento como mis mucosas (vagina, ano, cuello, boca, etc.) están secas y me queman, como cuando tienes la lengua seca o cuando te tomas algo demasiado caliente y te quema la boca. Esta sensación ya es crónica, porque han pasado 10 años y todavía la noto, no se ha ido. Por suerte, yo no he sufrido linfedema, pero sí que tengo como un entumecimiento en toda la parte derecha de mi cuerpo.

 

Sobre el tema laboral, tuve la suerte de que, justo después del tratamiento, me ofrecieron un trabajo en una obra de teatro. Psicológicamente me fue bien, pero estaba muy débil y me costaba mucho aguantar el tipo en el escenario. Todo aquel tiempo que estaba en escena, me servía para no pensar en la enfermedad y esto, a nivel psicológico, me iba muy bien.

 

Durante el periodo de tratamiento, de más de un año, no dejé de trabajar como actriz y creo que fue una buena decisión para distraerme y no estar pendiente de la enfermedad. Y ahora ya hace cinco años desde que me hicieron la reconstrucción de mi pecho derecho afectado.

 

En el ámbito laboral, pues, no me he sentido estigmatizada ni discriminada. El único ejemplo que podría decir al respecto es cuando quise adoptar. Había que dar muchas explicaciones: que me estaba tomando pastillas, que me hacían un seguimiento exhaustivo, que estaba muy controlada, que no había peligro… Sin embargo, tuve que pasar por un expediente del comité médico y del comité psicológico. Finalmente, lo dejé y opté por la acogida permanente.

 

Creo que las instituciones dedican más esfuerzos a curar. El engranaje se queda vacío una vez se ha superado un cáncer. Para empezar, debería haber psicólogos gratuitos que te acompañan durante y después de la enfermedad. Especialistas en oncología.

 

Te dan el teléfono de una enfermera, pero sólo para consultas médicas. Creo que una enfermera no es la persona indicada para ayudarte. Por ello, pienso que es necesario hacer un seguimiento a posteriori, gratuito y de acompañamiento. Sí que es verdad que hay un departamento de psicología y psiquiatría, pero no son especialistas en oncología, y hace falta una figura de referencia.

 

También pienso que los oncólogos, a veces, son demasiado cerrados. Supongo que es por su exposición en su día a día. No son empáticos con el paciente. A mí, por ejemplo, me tocó uno que me respondía con monosílabos y las respuestas las acababas descubriendo a través de las enfermeras.

 

Por eso considero que no estaría mal que hicieran algún curso de psicología para aprender a ser más cercanos a los enfermos y saber responder a las preguntas de una manera más diplomática y más humana. Para los efectos secundarios, sobre todo, no te los explican. Es verdad que cada caso es un mundo, pero no se esfuerzan en decirte que te puede pasar, yo he tenido efectos secundarios que me decían que no eran posibles y que me los inventaba.

 

Ahora que ya ha pasado el tiempo y lo miro desde otra perspectiva, no soporto cuando la gente dice que gracias al cáncer es mejor persona. Yo ya lo era antes y no me hacía falta tener que pasar por esto. De lo único que me ha servido el cáncer es para relativizar las cosas. Ahora pienso que lo más importante es la salud y el resto ya irá saliendo y no hay que amargarse. Hay que vivir el momento y ser feliz a cada instante.

El silencio de la menopausia precoz

Menopausia precoz inducida por el tratamiento del cáncer

 

La menopausia ocurre cuando los ovarios de una mujer dejan de producir óvulos. Generalmente, esto sucede de forma natural alrededor de los 50 años y como resultado, el cuerpo de la mujer produce menos estrógeno y progesterona. Al disminuir estas hormonas, los períodos menstruales se vuelven irregulares y, con el tiempo, se detienen.

 

Algunos tratamientos del cáncer pueden generar la menopausia a una edad anterior a la prevista:

 

  • Cirugía: la extirpación de ambos ovarios provoca que la menopausia se presente inmediatamente.

 

  • Quimioterapia: algunos tipos de quimioterapia pueden dañar los ovarios y provocar que se presente una menopausia temprana. La menopausia puede presentarse inmediatamente o meses después del tratamiento. El riesgo de presentar menopausia precoz depende del tipo y la cantidad del fármaco quimioterapéutico que se administre, así como la edad de la mujer, ya que cuanto más joven sea, más posibilidades hay de recuperar una función ovárica normal.

 

  • Radioterapia: recibir radioterapia en la zona pélvica también puede dañar los ovarios. En algunos casos, los ovarios se pueden curar y volver a funcionar de nuevo. Pero, si se reciben grandes dosis de radiación, el daño puede ser permanente.

 

  • Terapia hormonal: estos tratamientos usados ​​para tratar cánceres de mama pueden provocar alteraciones en los ovarios y llevar a la ausencia de menstruaciones de forma transitoria (amenorrea) o permanente, induciendo en este caso la menopausia.

 

La menopausia precoz se acompaña de cambios físicos y emocionales que pueden tener consecuencias negativas en la calidad de vida y en la salud en general.

 

 

Posibles efectos sobre la salud y cómo gestionarlos

 

El problema de sufrir una menopausia inducida por algún tratamiento es que, al producirse antes de tiempo, la mujer no atraviesa el periodo de adaptación donde los síntomas son más leves, sino que los sofocos, la sudoración, el aumento de peso, la sequedad vaginal, los cambios de estado de ánimo, el insomnio y la pérdida de energía aparecen sin previo aviso.

 

Los niveles hormonales disminuyen en cuestión de días o semanas en vez de años, de este modo los síntomas se presentan de manera más abrupta que en el caso de una menopausia natural y gradual. Además, la menopausia precoz genera preocupación sobre los efectos a largo plazo que puede llevar la falta de estrógeno durante años, como la osteoporosis o el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

 

Hay maneras de gestionar los síntomas y vivir más cómodamente con la menopausia. Los cambios de estilo de vida (dieta, dejar de fumar, hacer ejercicio, tener buenos hábitos de sueño, apoyo emocional) pueden ser tan importantes y eficaces como los medicamentos cuando se trata de sentirse mejor y vivir bien.

 

Algunos medicamentos que pueden ayudar incluyen:

 

  • Terapia hormonal: en algunos casos se pueden recetar hormonas femeninas para ayudar con los sofocos y otros síntomas. Pero, hay que tener en cuenta que las hormonas comportan algunos riesgos y se debe tener en cuenta si se han tenido ciertos tipos de cáncer.

 

  • Estrógeno vaginal: estas hormonas se pueden vender como cremas y geles, es un tratamiento localizado. Utilizar pequeñas cantidades de estrógeno en crema en el interior y los alrededores de la vagina puede aliviar la sequedad, si bien un poco de estrógeno llega al torrente sanguíneo, parece ser menos que lo que llega con las terapias de reemplazo hormonal. Por ello, si ninguna alternativa provee alivio, el estrógeno vaginal puede ser una opción viable. Se necesita una receta para adquirir estos medicamentos.

 

  • Antidepresivos u otros medicamentos: si no se toman hormonas, el médico podría recetar otro tipo de medicamento para aliviar los sofocos, como ciertos antidepresivos.

 

  • Lubricantes o humectantes: estos productos pueden ayudar a que las relaciones sexuales sean más cómodas si se presenta sequedad vaginal.

 

  • Medicamentos para la pérdida ósea: algunas mujeres toman medicamentos para ayudar a reducir la pérdida ósea después de la menopausia.

 

¿Es seguro recibir terapia hormonal después de haber pasado por un cáncer?

 

La terapia hormonal para la menopausia es un tratamiento que los médicos pueden recomendar para aliviar los síntomas comunes de la menopausia y, también, para prevenir cambios biológicos a largo plazo, como la disminución de la masa ósea. Estos cambios biológicos son consecuencia de la reducción en los niveles de las hormonas naturales (estrógeno y progesterona) que sucede en el cuerpo de la mujer durante y después de la menopausia.

 

Esta terapia generalmente comprende el tratamiento con estrógeno solo; una combinación de estrógeno y progesterona; o estrógeno y progestina, que es una hormona sintética con efectos similares a los de la progesterona.

 

Aunque ayuden a aliviar síntomas como los sofocos y la osteoporosis, los médicos no recomiendan este tratamiento para la mayoría de las mujeres, ya que podrían tener un mayor riesgo de contraer determinadas afecciones. Los riesgos y los beneficios de la terapia hormonal difieren para cada mujer, por lo tanto, lo más conveniente sería hablar con un equipo de atención médica para resolver cada caso en particular.

 

 


Referencias

Associació Espanyola Contra el Càncer (aecc). Menopausia y cáncer de mama.

MedlinePlus (2016). Tratamiento para el cáncer – menopausia temprana.

Cancer.Net. Síntomas de la menopausia en las mujeres.

Breastcancer.org (2017). Cómo manejar los síntomas menopáusicos.

Instituto Nacional del Cáncer (NIH) (2011). Terapia hormonal para la menopausia y el cáncer.

Rosa


 

 

Se me diagnosticó un cáncer de mama positivo para receptores de estrógenos y progesterona, y negativo para HER-2 en junio de 2016.

 

El tratamiento consistió en:

  • Quimioterapia con antraciclinas (4 sesiones) y taxol (12 sesiones) julio a diciembre 2016

2- Cirugía conservadora en el mes de enero 2017

3- Radioterapia (33 sesiones) abril-mayo 2017.

 

Viví el tratamiento con paciencia y cierta serenidad. Estuve bien informada y muy apoyada por mi oncóloga y el resto de personal médico y enfermería del hospital de la Vall d’Hebron.

 

El tratamiento coincidió con la separación de mi pareja. Creo que la simultaneidad de estos dos hechos hizo que ni uno ni otro se convirtieran en el eje central de mi vida. Sé que puede sonar extraño, pero cuando uno se me hacía demasiado pesado, me centraba en el otro. Y así, fui saliendo adelante.

 

Cuando me dijeron que ya estaba recuperada, el temor es el mismo que compartimos todos los que hemos sufrido un cáncer: el miedo a volverlo a sufrir. En mi caso, el hecho de ser bióloga e investigadora es un arma de doble filo. Por un lado, te facilita la comprensión de la enfermedad, su diagnóstico, pronóstico, tratamiento etc., pero a la vez te hace ser más consciente de todo lo que puede ir mal y los riesgos que hay en el futuro.

 

Respecto las secuelas físicas, estoy tomando tamoxifeno y tengo algunos de los efectos secundarios de este fármaco como son los sofocos, dolores articulares y rampas, pero son sostenibles. También he notado cierta pérdida de memoria y sobre todo de concentración, las cuales probablemente tienen que ver con el tamoxifeno («chemo-brain» se dice en inglés). No es nada grave (¡de momento!) Pero lo noto, quizás por el tipo de trabajo que hago. Esto me preocupa un poco porque puede llegar a interferir con mi profesión.

 

Mi proceso de reinserción laboral después del cáncer fue el siguiente: cogí la baja laboral durante las 3 semanas después de la cirugía. Durante el resto del tratamiento, tanto durante la quimioterapia primero como la radioterapia después, seguí trabajando. Lo pude hacer por las características de mi trabajo (horario flexible, puedo trabajar desde casa etc.) y por el apoyo y facilidades que recibí de mis jefes y compañeros.

 

Creo que el hecho de seguir trabajando me hizo sentir menos «enferma» y me permitió vivir con cierta «normalidad» los 10 meses que duró todo el tratamiento. Por tanto, no puedo hablar de una reinserción laboral.

 

Creo que las instituciones dedican menos esfuerzo a las dificultades después del cáncer que no su tratamiento. El objetivo del médico especialista es salvarte la vida. Una vez logrado esto, que ya es mucho, quedan las revisiones periódicas, el seguimiento médico para controlar que todo está bien. Hasta aquí, todo correcto.

 

Pero sabemos que hay efectos secundarios de la quimioterapia, de la cirugía o los tratamientos hormonales que pueden afectar de manera crónica e interferir con la vida personal y profesional post-cáncer. Además, las molestias, dolores… que se sufren a posteriori muchas veces se viven con un miedo irracional por sí indican una recaída, un nuevo cáncer.

 

Los blogs de pacientes son de gran ayuda porque te dan un espacio donde poder compartir tus vivencias y dudas. Pero pienso que no siempre pueden o deben sustituir un soporte más profesional. El médico especialista en oncología de los centros hospitalarios no tiene tiempo para hacer este trabajo porque debe dedicarse a los pacientes con cáncer. Y los médicos de atención primaria no siempre saben cómo hacerla.

 

Por ejemplo, no hace mucho fui al CAP por un resfriado y acabé en el hospital de día de Oncología del hospital de referencia porque tenían dudas sobre el tratamiento con antibióticos. Y es que una vez has sufrido un cáncer, no sabes si siempre llevarás esta etiqueta, o cuándo, o si nunca se te podrá considerar un paciente «normal». Estaría bien que el paciente «post-cáncer» tuviera una figura médica, sea de enfermería o médico, de referencia. Alguien que hiciera de puente entre el paciente, médico de primaria y el médico especialista.

 

Así que, tras superar el cáncer, la vida se afronta como una segunda oportunidad. El cáncer te hace consciente de la fragilidad de la vida. Has visto cómo pueden cambiar tus expectativas vitales de un día para otro. Aprendes a vivir más el presente y miras de no pensar tanto en el futuro.

 

Ahora que hace sólo 7 meses que terminé el tratamiento, lo tengo muy claro. Me pregunto, sin embargo, si el tiempo me lo hará olvidar. Diría que no, pero no lo sé. No me gusta pensar o hacer planes más allá de un año. Me cuesta decir que estoy «curada» porque quizás hay alguna célula rebelde en algún lugar de mi cuerpo que un buen día decidirá salir de su escondite. Es esta mi miedo más grande.

 

Sí, todo el mundo está expuesto. Pero si ya lo has pasado, te sientes más vulnerable. Como si te hubieran colocado en una casilla de salida privilegiada sin ti quererlo.

 

 

 

Más allá de la mastectomía

Tratamiento quirúrgico para el cáncer de mama

 

La cirugía mayoritaria para el tratamiento del cáncer de mama es la tumorectomía, que consiste en la extirpación del tumor y de un pequeño margen de tejido sano alrededor del tumor. Sin embargo, en aquellos casos en los que no se puede llevar a cabo este tratamiento más conservador, se utiliza la mastectomía.

 

La mastectomía es la cirugía que se utiliza para eliminar todo el tejido mamario de una o ambas mamas como tratamiento del cáncer de mama, o para prevenirlo (en caso de personas que poseen un riesgo alto de padecerlo). En los últimos años se han hecho avances científicos que tienen como objetivo reducir la zona extirpada de la persona afectada.

 

 

 

Tipos de mastectomía

 

Existen diferentes tipos de mastectomía en función de cómo sea la técnica utilizada y cuanto tejido mamario se extraiga. El especialista oncólogo escogerá qué tipo de mastectomía es conveniente aplicar, en función de las características de cada uno de los casos.

 

  • Mastectomía simple: en este procedimiento se extirpa todo el tejido mamario, incluyendo el pezón, la areola y la piel. Esta cirugía es adecuada para personas que presentan varias o amplias zonas afectadas por carcinoma ductal in situ afectando el tejido mamario y como medida preventiva de aquellas personas que al ser portadoras de mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, presentan un alto riesgo de desarrollar un cáncer.

 

  • Mastectomía radical modificada: este tipo de procedimiento implica la extirpación de todo el tejido mamario (mastectomía simple) conservando los músculos pectorales y la disección y extirpación de los ganglios linfáticos Este tipo de cirugía se indicará para personas que sufran un cáncer de mama invasivo. El análisis de los ganglios linfáticos permitirá estudiar el alcance de la propagación de las células tumorales.

 

  • Mastectomía radical: incluye la extirpación completa del tejido mamario, de los ganglios linfáticos axilares y los músculos pectorales localizados debajo de la mama. Aunque fue un tipo de cirugía muy utilizada en el pasado, se ha descubierto que una cirugía menos extensa (como la mastectomía radical modificada), ofrece la misma eficacia y tiene menos efectos secundarios. Actualmente la mastectomía radical sólo se utiliza en esos casos donde se haya producido una invasión a los músculos torácicos por parte de las células tumorales.

 

  • Mastectomía con conservación de piel: en este tipo de mastectomía se extirpa el tejido mamario, la areola y el pezón, pero no la piel, que se deja prácticamente intacta. Este procedimiento permite la reconstrucción inmediata de la mama en el momento de la cirugía, mediante implantes u otros tejidos del cuerpo.

 

  • Mastectomía subcutánea: también es conocida como mastectomía con conservación del pezón. Es el tipo de mastectomía que conserva mejor la forma natural de la mama, pero que a la vez presenta un mayor riesgo en probabilidad de recaída. En este procedimiento el cirujano extirpa el tejido mamario, pero deja intactos la areola, el pezón y la piel, que facilitará la reconstrucción inmediata de la mama. Durante el procedimiento el cirujano tomará una muestra para analizar el tejido adyacente a la zona del pezón para asegurarse de que no haya células cancerosas que puedan inducir una recaída. Este tipo de mastectomía puede contemplarse ante tumores pequeños, poco invasivos y situados en la zona más posterior de la mama. A pesar de este abordaje permite una buena reconstrucción de la mama, aunque hay muchos oncólogos que se muestran escépticos ante este tipo de mastectomía, ya que la no eliminación de todo el tejido mamario puede provocar la aparición secundaria de otro cáncer. Además, se ha observado que existe la posibilidad de necrosis del tejido areolar, la deformación del tejido debido a una mala irrigación sanguínea y la pérdida de sensibilidad de la zona.

 

  • Mastectomía doble: también es conocida como mastectomía bilateral. Implica la mastectomía en ambas mamas. Este tipo de mastectomía suele realizar como forma preventiva para personas que tienen un riesgo muy alto de sufrir cáncer de mama (como por ejemplo, los portadores de algunas de las mutaciones de los genes BRCA 1 y 2).

 

Reconstrucción mamaria

 

El procedimiento de la mastectomía puede generar secuelas psicológicas a las personas afectadas. Por ello existe la posibilidad de someterse a un proceso de reconstrucción mamaria. La reconstrucción mamaria puede efectuarse en el mismo momento que se hace la mastectomía (reconstrucción inmediata), o en cualquier momento posterior a la cirugía terapéutica (reconstrucción diferida). En todo caso, la cirugía reconstructiva no cambia el pronóstico de la enfermedad.

 

Existen varios factores que se deberán tener en cuenta antes de abordar la reconstrucción de la mama, que pueden empeorar los resultados estéticos o aumentar la posibilidad de complicaciones post-operatorias: como por ejemplo el tamaño de la mama, la complejidad de la cirugía del tumor mamario, la posibilidad de tratamientos posteriores a la mastectomía, la cantidad de tejido disponible, entre otros. Existen diferentes tipos de cirugía reconstructiva:

 

  • Utilizando prótesis: implantes de silicona o de solución salina (transitoriamente). La prótesis dará volumen a la zona de la mama que se ha extraído. Para minimizar el riesgo de expulsión, la prótesis se coloca debajo del músculo pectoral.
  • Utilizando tejidos del propio cuerpo de la persona que se debe intervenir. Las reconstrucciones más habituales son las dorsales, donde se utilizan tejidos del hombro, la TRAM y la DIEP (siglas en inglés), donde se utilizan tejidos de la parte baja del abdomen.
  • Reconstrucción combinada: utilizando tejido propio y prótesis. Esta técnica se usa cuando es necesario utilizar tejido para poder recubrir completamente la prótesis colocada.

 

Si se decide proceder con la reconstrucción de la mama, la elección de una técnica u otra dependerá de cada caso en particular, y se deberá tomar la decisión juntamente con el cirujano y el oncólogo que haya llevado el caso. Hay que tener en cuenta que a menudo son necesarias varias rondas de cirugía para conseguir una buena reconstrucción de la mama. Si la persona afectada opta por no reconstruirse, es importante ser consciente como la mastectomía puede afectar a la vida diaria. Existen prótesis externas que se pueden poner en el sujetador para dar volumen a la mama intervenida.

 

Tras la mastectomía

 

La recuperación después de someterse a una mastectomía puede conllevar unas semanas o meses. Es importante que la persona intervenida siga en todo momento las pautas que le indicará su cirujano, entre las que cabe destacar:

 

una buena higiene de la zona suturada/intervenida (se pueden hacer baños suaves con una esponja), ser capaz de reconocer los síntomas de infección de la zona suturada, tomar los medicamentos prescritos para aliviar el dolor que se puede derivar después de la cirugía y en los meses posteriores, hacer ejercicios de brazos si han sido indicados por el cirujano para evitar la rigidez muscular del brazo próximo a la intervención, y cuidar el tubo de drenaje en caso de tratarse de una mastectomía con resección de los ganglios axilares.

 

Ante cualquier síntoma o reacción inesperada, es importante acudir al hospital. Por otra parte, la práctica de ejercicios suaves de recuperación puede reducir significativamente el riesgo de aparición de algunas complicaciones como el linfedema.

 

A pesar de que las mastectomías comportan secuelas físicas y psicológicas muy duras para la persona que las tiene que sufrir, siguen siendo un tratamiento muy eficaz que permiten la eliminación completa de las células cancerosas asegurando la derrota de la enfermedad.

 

La asimilación del cambio que se ha producido en el cuerpo de la persona que ha sufrido una mastectomía variará en función de cada persona, en cualquier caso, el apoyo de personas cercanas, así como de personas que han pasado por la misma experiencia, ayudará indudablemente a su recuperación.


Referencias

1. Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Tratamiento quirúrgico.
2. Mayo Clinic (2016). Mastectomia.
3. Sociedad Americana Contra el Cáncer (ACS). Cirugía para el cáncer de seno.
4. Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética. Tu guía en reconstrucción mamaria.
5. Generalitat de Catalunya. Reconstrucció mamària després de cirurgia per càncer.

Loly Fernández

«Malauradament no hi ha programes que abordin les dificultats socials que es plantegen després del càncer»

 

Quan em van diagnosticar el càncer no tenia la sensació d’estar malalta. Aquesta sensació la vaig tenir després,
quan estava fent els tractaments. Suposo que va ser perquè em van trobar el tumor en una visita de control per la meva maternitat (no vaig notar cap símptoma previ)  i perquè inicialment em van dir que era un “in situ” agafat molt a temps i amb bon pronòstic.

Un cop al quiròfan, em van fer la biòpsia del gangli sentinella. En un primer moment, aquesta prova no va sortir positiva però en un anàlisi posterior al laboratori , i al cap de 25 dies em van tornar a operar per treure’m la cadena ganglionar i es va modificar el diagnòstic inicial i per tant el tractament a seguir.

Per sort, vaig viure el procés amb molts d’ànims i molt acompanyada dels meu cercle familiar, personal i professional. Quan passes un càncer, hi ha una recuperació física dels efectes secundaris que provoquen els tractaments… però una no té mai la sensació d’estar completament recuperada, d’això mai no et recuperes.

Sí que recordo que vaig sentir un cert vertigen quan vaig deixar de tenir la tutela dels metges i els controls periòdics es van anar espaiant fins a 2 anys. En aquest punt vaig sentir-me molt vulnerable, suposo que com la majoria de les persones que es troben en aquesta situació.

Com a seqüela del càncer, tinc la cirurgia al pit i com que aquesta és bilateral, els esforços els he de controlar. També haig de tenir molta cura del braç on em van treure els ganglis per prevenir la possible aparició d’un limfedema. També, des de llavors, tinc molèsties digestives de les quals no m’he acabat de recuperar… però en termes generals, faig una vida normalitzada i em sento saludable.

El meu procés d’adaptació i de reinserció laboral va ser progressiu. Vaig estar dos mesos sense anar a  treballar (el temps de recuperació de la cirurgia) i, quan vaig començar la quimioteràpia, vaig estar en actiu de manera intermitent: cada mes treballava dues setmanes (amb adaptació de jornada) i les altres dues setmanes estava de baixa per recuperar forces i descansar.

Finalitzat el tractament, vaig recuperar la normalitat de manera progressiva. La veritat és que va ser un procés de reincorporació molt dolç perquè vaig rebre tota mena de suport: adaptació de jornada, flexibilitat, adaptació de tasques, facilitat per assistir al visites mèdiques

Crec que les institucions es centren en l’activitat sanitària i dediquen esforços a tot allò que fa referència al procés del tractament d’un càncer. En aquest punt sí que crec que existeix una especial sensibilitat social i això és fonamental. No obstant això, penso que encara hi ha un buit o mancances en el moment posterior, és a dir, un cop reps l’alta o has superat la fase més aguda i més evident de la malaltia, aquí no hi ha suport ni ningú que se n’ocupi, ni tampoc sensibilitat social de què hi ha necessitats.

En aquest sentit, sembla que no t’hagi passat res, tot i que en el fons, tant a l’empresa com a la societat i a la teva vida, aquesta experiència afecta i no es pot esborrar. Malauradament, no hi ha programes que abordin les dificultats socials que es plantegen després del càncer.

L’índex de supervivència al càncer és molt elevat i, juntament amb la detecció precoç, afortunadament, ens trobem en molts casos de persones joves que el superen. Per això, cal que l’entorn social i laboral tingui en compte aquesta nova situació de necessitat que es genera.

En concret, dins l’àmbit laboral crec que hi ha una certa estigmatització de les persones que han patit un càncer: per si han d’anar sovint al metge, per si són especialment sensibles, per si s’han d’adaptar al seu lloc de treball… I, com que el mercat laboral és tan precari, és fàcil que aquestes persones quedin excloses de l’entorn laboral.

Això s’hauria de normalitzar. S’haurien de generar instruments que permetin a les persones que han superat un càncer una adaptació i reinserció normalitzada a la vida laboral i social, perquè hem de continuar i reprendre una vida, que mai torna a ser la mateixa que teníem abans.

 

 

Teresa Ferreiro

«Hay un vacío en torno a cómo afecta el cáncer a las mujeres jóvenes»

Teresa Ferreiro

45 anys

Me llamo Teresa Ferreiro y soy coach profesional. Tengo 44 años, un hijo y vivo en pareja. Actualmente estoy recuperada de un carcinoma ductal infiltrante, un tumor de 5,5 cm, en la mama derecha, sin ganglios afectados.

El inicio de mi tratamiento fue muy intenso: Empecé la quimioterapia y me hicieron a la vez una extracción de tejido ovárico. Además, entré varias veces al quirófano para colocarme el portacatch.

El tratamiento de la quimioterapia, como a la mayoría de pacientes con cáncer, me dejaba bastante cansada y con muchas náuseas, pero al cabo de una semana me recuperaba y podía disfrutar de los días y estar activa.

Recuerdo las principales dudas o temores que me vinieron a la cabeza cuando me diagnosticaron el cáncer: me preocupaba mucho que me estuvieran dando un diagnóstico equivocado porque me encontraba muy bien.

Esto del cáncer no me podía estar pasando a mí, pensaba. Además, me daba miedo morirme. Y una vez superado este miedo, me preocupaba mucho no poder alcanzar mis sueños vitales, como el de ser madre.

Aparte de la maternidad, hay otras preocupaciones que me surgieron: no poder recuperar la vida tal cual la había dejado, mi carrera profesional, mi cuerpo que estaba en forma, mis aficiones, como caminar por la montaña, bucear o escalar vías ferratas.

Tras recuperarme de la enfermedad empiezo otra lucha, la de después del cáncer. Esto tiene que ver con las secuelas físicas y emocionales que deja la enfermedad. En mi caso, estas secuelas fueron diversas. La más importante es la del linfedema en el brazo derecho, que ha ido mejorando hasta el punto de que ahora ya no llevo manga y la de la menopausia que, en la mayoría de mujeres, se avanza mucho con las consecuencias que conlleva.

También vi muy afectada la memoria. Todavía digo que noto el chemobrain porque tengo distracciones importantes. Mi pareja, sin embargo, dice que lo utilizo de excusa cuando me olvido dealgo.

Las secuelas físicas son sólo una parte de esta nueva etapa. Después de la enfermedad comienza todo el proceso de reinserción laboral y social después del cáncer. En mi caso, justo antes del diagnóstico, había encontrado un nuevo trabajo en el que decidí no incorporarme para dedicarme tiempo a mí misma. Una vez recuperada, ya no intenté volver porque busqué otra actividad que se adaptara mejor a mis necesidades del momento. Mi trabajo anterior ya me permitía un horario flexible por lo que no tuve que pedir un trato especial.

Pude poner mis condiciones, y empecé a trabajar como consultora a tiempo parcial. Así disponía de flexibilidad y también de tiempo. Un tiempo que dediqué a escribir un libro alrededor de mi experiencia con el cáncer (Un bulto en la mama – Tú eliges cómo abordarlo) y que publiqué poco después.

No tuve ningún problema respecto a mi reincorporación laboral, pero donde sí los encontré fue en la demanda de productos financieros. Hace un año solicité una hipoteca conjuntamente con mi pareja. Para determinar el coste del seguro me hicieron un cuestionario exhaustivo y me pidieron un certificado médico.

Aunque mi oncólogo aseguró que estaba libre de enfermedad, la entidad bancaria me exigió un pago 5 veces superior a la cuota que me correspondía del seguro, según mi edad y situación laboral. Me han dicho que la cuota se podrá revisar cuando hayan pasado diez años desde que estoy libre de cáncer.

Respecto a los recursos que hay para abordar las dificultades sociales que sufren las personas que han superado un cáncer, creo, desde mi experiencia, que aún existe un vacío en torno a cómo afecta el cáncer a las mujeres jóvenes. Y para mí, joven es aquella mujer que todavía puede ser madre una vez superado su cáncer.

La sociedad aún lo ve con muy malos ojos, como si fueras una inconsciente que va a traer al mundo a un niño para dejarlo huérfano después. Y en realidad, en la mayoría de los casos estamos más protegidas si hay un embarazo después de un cáncer de mama.

Creo que es necesario empoderar a los pacientes y darles herramientas para que ellos mismos puedan tomar el control de sus vidas y gestionarlas. Estos son dos aspectos que las instituciones aún no tienen en cuenta a la hora de cubrir las necesidades de las personas que hemos superado un cáncer.

El empoderamiento es un tema a tratar y ayuda enormemente a las personas a recuperar la vida que desean, sin ponerse unos límites que a menudo están marcados por la sociedad.

En el caso de las mujeres jóvenes y el cáncer de mama, considero que no se da suficiente valor a las secuelas que puede causar y que la paciente puede percibir como más importantes que el cáncer en sí: la pérdida de fertilidad, la menopausia avanzada, el chemobrain, la pérdida del deseo sexual, la afectación de la vida sexual o el linfedema.

Margarita Cama Soler

«No deberían valorar la discapacidad sólo si estás mutilado físicamente»

Margarita Cama Soler

47 anys

 

El 18 de junio de 2014, llego de trabajar por la noche, tarde como siempre. Hace unos días que voy muy cansada y pienso que es por el estrés del trabajo. Yo soy muy activa y nunca me duele nada. Me ducho para espabilarme.

Me ato la toalla alrededor del cuerpo, por encima de los pechos, para acabarme de secar bien. Mientras me peino, la toalla hace de las suyas y cae. Al intentar que esto no ocurra, sin darme cuenta paso la mano por encima del pecho y noto un bulto duro.

Aquí comenzó todo. Tengo cáncer.

Me moriré -pensé-. Vomitaba muchas veces. Hice la última quimioterapia. Pero la cosa no terminaba ahí. También tuve que realizar treinta y seis sesiones de radioterapia.

Llegó el último día de radioterapia y podéis pensar que ¿volvía a tener una vida normalizada? Pues no. Los médicos, lo que querían era que entendiera que no podía volver a asumir todas las responsabilidades que conllevaba mi cargo dentro de la empresa donde trabajaba.

Aquí empieza mi problema.

Hacía diez años que estaba trabajando en la misma empresa. Una semana antes de empezar la quimioterapia me despidieron. Era una empresa pequeña, de unos veinte trabajadores. Yo era jefa de planta. Todo esto, lo perdí en un instante.

Esta situación sí que me hacía sentir mal. ¿Dónde podría encontrar trabajo? ¿Encajaba realmente en algún puesto de trabajo? ¿Algún empresario me querría con toda la gente que había en el paro? ¿Cómo podía volver a inserirme laboralmente? Si las personas que no tienen ningún problema de salud, tienen un currículum mucho más brillante que yo y son más jóvenes, no encuentran trabajo, ¿cómo tenía que hacerlo yo?

No quería cobrar el paro, de hecho no llegué a ir. Yo quería trabajar, de lo que fuera, lo necesitaba para demostrarme que volvía a ser yo.

De repente, visualizo una oferta de trabajo ideal, pero con un requisito básico. Un certificado de discapacidad. Durante alguna visita mi doctora me había hablado de ello, pero siempre decía que no era el momento, que al finalizar los tratamientos, ya hablaríamos.

Mi desesperación para encontrar trabajo, hizo que me apuntara de todos modos. Al día siguiente me llamaron. Hice todas las pruebas y me dijeron que en principio el trabajo estaba pensado para una persona con este certificado del 33% de discapacidad. Si conseguía este certificado, el trabajo era mío.

Miré de hacerme todas las revisiones para conseguir el certificado. Pero no sirvió de nada. Aquí es donde quiero expresar mi queja. Pienso, que para conseguir la discapacidad no se debe valorar sólo cuando una persona está mutilada físicamente. Cuando le falte un pecho. Porque por suerte, hoy en día, a muchas de nosotras, esto no nos pasa porque se puede hacer la reconstrucción casi al momento. De verdad, ustedes piensan que después de todo esto, ¿una persona está capacitada al 100% para acceder al mundo laboral?

Pues no, no lo está. Ni mental ni físicamente. Durante el primer año tienes pruebas y controles en cada momento. Aunque quieras, no puedes cumplir con el horario laboral normal. Durante cinco años, estamos en tratamiento con unos efectos secundarios de pérdida de memoria, dolor en las extremidades, cansancio, dolor de cabeza y cambios de humor, entre otros. Pienso que esto también es motivo de valoración.

Si nos ponemos por un momento en el lugar de un empresario que tenga que contratar a alguien, o reincorporar a una persona que haya estado enferma de cáncer, lo primero que puede pensar es: «ésta volverá a estar más días de baja que trabajando… ¿Por qué contratar o reincorporar a una persona que ya te supone un problema de entrada?

Yo tuve la suerte de que la empresa que me hizo la entrevista, finalmente, sin certificado, y aceptando mi situación, me dio la oportunidad de reincorporarme al mundo laboral, y con un trabajo que yo podía asumir.

Por eso pienso que tenemos que hacer algo. Se debería estudiar cada caso, pero creo que no debe ser una ayuda económica para el enfermo, sino una ayuda para la empresa que contrate o reincorpore a esta persona. Pienso y creo que la mayoría de enfermos estarían de acuerdo conmigo, que lo que queremos son cañas de pescar, para poder sentirnos útiles, no pedimos los peces ya pescados, ni que nos los pesquen otros.